Tanto Toxo como Cándido se han manifestado ya contra las medidas del Gobierno. Metiendo bulla las comparte y, como prueba de ello, ayer mismo dábamos un COMENTARIO DE URGENCIA: EL ZAPATERAZO. Hoy nos ha parecido de interés entrar en abierta polémica con el Editorial de El País. Pero, antes de meternos en harina, parece conveniente recordar al prójimo –ya sea de alta cuna o de humilde jergón-- que el zapaterazo se orienta a enjuagar el déficit público, sólo a ello. Lo decimos en previsión de que aparezca un cierto furor peristáltico martilleando que tales medidas contribuirán a la creación de empleo. Y, comoquiera y dondequiera, también recordando que el gobierno ha recorrido a un tipo de medidas tradicionales que, yendo por siniestra vereda, fueron las causantes del diluvio que se desencadenó hace dos años. Pero, vamos a lo que vamos: a comentar el editorial del diario de marras.El País sostiene que la bajada de sueldo de los funcionarios “cabe explicarla porque los trabajadores del sector público no habrían sufrido, hasta el momento, las consecuencias el peso de la crisis, que sí han experimentado los asalariados del sector privado” (las cursivas son mías). Se trata de un argumento de notable sofistería. Que es más conveniente rebatir sobre la base del razonamiento que, con frecuencia, utiliza el maestro Umberto Romagnoli. Nuestro amigo –con implacable sarcasmo, como quien quiere competir con la lúcida crueldad de la malafoyá granaína— recurre al mito de los antiguos vendedores de crecepelo: prometían que los usuarios de la pócima, calvos todos, les saldrían una abundante melena. Ahora bien, los posmodernos mercachifles parecen vender potingues para que los que tienen pelo se vuelvan calvos. Vale decir, ya que no es posible que todo el mundo tenga cabellera, lo mejor es que todos sean calvos. En resumidas cuentas, la descohesión social para todos.Ni una palabra en la editorial de algo tan provaricador --he dicho provaricador, no prevaricador-- como romper un contrato unilateralmente como ha hecho el gobierno con el convenio de la función pública, firmado hace seis meses, que es uno de los institutos jurídicos (el convenio colectivo) más emblemáticos del Estado de Derecho. Se entiende, pues, que “provaricador” debe ser interpretado como una decisión administrativa hecha mal a sabiendas y queriendas. En definitiva, ilegal. Así pues, no hace falta ser excesivamente quisquilloso para intuir que los acuerdos firmados con el Gobierno estarán, a partir de ahora, en clave de sospecha.¡Ah, los mercados, esos ostrogodos que, apretando un botón en un nanosegundo, condicionan y determinan la biografía de millones de personas!Por lo demás, en la mentada editorial no encontramos referencia alguna a qué otros sectores (que no sean los exponentes del trabajo dependiente, los jubilados y las personas en dependencia) se verán afectados por el tratamiento caballuno del zapaterazo. No las menciona El País porque no existen medidas en esa dirección: no sea que los ostrogodos de los mercados se enfaden. Por lo tanto, enjuagar el gasto público no será realizado a través de sacrificios desigualmente compartidos: lo será sólo y solamente por aquellos a los que se quiere controlar, trabajadores, pensionistas y ancianos.
domingo, 14 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
SINDICALISMO E INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Decíamos que Raimon Obiols publicó en su bloc una interesante reflexión, TRADUCCIONES E INTELIGENCIA ARTIFICIAL, sobre la que estoy interesado en hacer unos comentarios por puro vicio argumental. Lo importante de la misiva de mis amigos es que “en eso de la traducción mecánica se está avanzando a pasos agigantados”. Lo dicen dos intelectuales con una larga práctica sindical a sus espaldas y no pocos años de oficio en las lides de la traducción. O sea, gente que conoce el paño.
Pues bien, la lectura del texto de Obiols me lleva a una serie de preocupaciones. 1) La traducción mecánica de los textos de Saint Exupery y los de Gabriel García Márquez (que no son precisamente planos) son más que aceptables; y 2) dicho lo cual, la cosa merece una sosegada reflexión, que sería más provechosa si mis achaques seniles no fueran tan preocupantes. Veamos …
Primera reflexión. Se ha avanzado en la relación entre las matemáticas (a través de una mayor sofisticación de sus algoritmos), la técnica y el lenguaje escrito. Lo que quiere decir que tendencialmente la traducción mecánica estaría en mejores condiciones de traducir al castellano a Dante y a trasladar a otras lenguas la sobria literatura de Silver Kane, uno de los ídolos literarios de mi infancia.
Segunda reflexión. Ayer recomendaba a los sindicalistas el estudio del post de Obiols, cosa que reitero ahora con mayor énfasis. Justamente para la mayor y mejor comprensión del nuevo paradigma en el que estamos instalados: el nuevo orden en la organización de los factores productivos que tiene su expresión (y motor) en el sistema de nueva empresa. O, para decirlo de manera un tanto presuntuosa: en la consolidación de un nuevo y orgánico modelo técnico-productivo. O sea, cabe la posibilidad que el buen hacer “artesanal” de la factoría Rodríguez de Lecea-Carmen Martorell, al igual que otros oficios y menesteres, vaya siendo desplazada por el nuevo modelo orgánico-productivo de la relación entre matemáticas-técnica y lenguaje escritos. De hecho, conozco una gran cantidad de blogs que, para sus diversas traducciones simultáneas, funcionan de esa manera, digamos, postfordista.
Tercera reflexión. Pero ¿qué pito toca en esta historia el sindicalismo confederal? Lo toca y mucho. Por estas razones: saber en qué estadio técnico, científico y cultural estamos es de la mayor importancia, conocer cómo se manifiestan los trabajos y no trabajos en esta nueva coyuntura es de la mayor relevancia, y no es baladí estar al tanto de qué nuevos cuadernos reivindicativos se ponen en marcha en el cuadro de las convenientes conductas contractuales.
Cuarta reflexión. Las bases para la desaparición de un buen cacho de la noble profesión de los traductores parecen, así las cosas, cantadas. Y, al igual que los viejos (buenos) cuberos, cuyo ojo era legendario, podría ir disminuyendo de manera lánguida pero inexorable. Cierto, quedarían las buenas traducciones de La Divina Comedia (al castellano, las del maestro Angel Crespo y la catalana de Josep Maria de Sagarra) pero ya con unos lenguajes de otra época.
Quinta reflexión. He escrito en otras ocasiones lo que sigue. En mis buenos tiempos la huelga se desarrollaba bajo el siguiente presupuesto: si estamos de brazos caídos, las máquinas no funcionan. Hoy ya no es así: se puede estar de brazos caídos, ejerciendo el derecho de huelga, y los chirimbolos tecnológicos siguen funcionando. Lo hemos visto, por ejemplo, en televisión. Lo vemos en los cajeros automáticos. Y, bajo otras condiciones distintas, en Ikea cuando vamos a comprar (el que vaya, yo me hice un lío que no pienso repetirlo) es el personal quien pecha con el trabajo, estén los asalariados de esa firma en huelga o no. De donde infiero –achaques de senectud aparte— que el sindicalismo confederal debe proponerse una nueva práctica del ejercicio del conflicto social acorde con la nueva era que conocemos.
jueves, 11 de febrero de 2010
PROLOGANDO EL LIBRO DE ANTONIO BAYLOS
El libro que mañana se presenta en el Salón de Actos de Comisiones Obreras de Catalunya, “Sindicalisme i Dret sindical”, es la versión catalana de la cuarta edición en lengua castellana. Aprovecho, pues, que estamos en vísperas para publicar en este medio el prólogo que me encargó don Luís Collado, editor de las cuatro ediciones de la Editorial Bomarzo.
Yendo por lo derecho y sin rodeos: estamos ante un libro importante. Primero, por su contenido; segundo, por el autor que lo firma; tercero, porque viene a suplir una tradicional laguna: la precariedad de literatura iuslaboralista en lengua catalana; oído, cocina: precariedad no quiere decir inexistencia. Tres motivos que justifican sobradamente la aparición de esta investigación. Su contenido tiene, de entrada, una novedad: la provocación (en su sentido original, provocare, esto es, volver a llamar) de recordarnos algo que se olvida con excesiva frecuencia, esto es, que existe el Derecho sindical, hermano de leche del Derecho laboral. Su autor, Antonio Baylos, un eminente jurista del trabajo, que mantiene la vieja y noble tradición de algunos de sus colegas, de ayer y hoy: ser un cosmopolita ciudadano militante, partiendo de su profundo compromiso con el movimiento de los trabajadores y el sindicalismo confederal que representa Comisiones Obreras. Un inciso: no puedo dejar de pensar en toda una serie de personas: tengo en la cabeza ahora mismo el testimonio de otro amigo: Manuel Vázquez Montalbán que siempre se desvivía por acudir a todas las llamadas para decir su (siempre) lúcida palabra. Antonio Baylos tiene una característica que le distingue de la gran mayoría de profesores universitarios, incluidos los de su disciplina académica. No solamente describe la geografía del Derecho –esto es, qué dice la legislación y cómo debería ser aplicada— sino que se mete en la harina de cómo deberían ser las cosas, el por qué de cómo están las cosas y el por qué de cómo, a su juicio, deberían ser. Valga esta metáfora: Baylos no se limita a decir, como algunos geógrafos, que afirman sólo descriptivamente qué bonita es Barcelona, sino que explica las razones de lo que propone en una adecuada relación entre el ayer y ahora mismito y, de ahí, la invitación al vals del futuro. En concreto, es sobre todo un filósofo del Derecho laboral. Que escribe con la más absoluta y sencilla claridad. Digamos que es el estilo del profesor Baylos en toda su abundante producción científica: en sus escritos altamente especializados; en la literatura “de choque”, esto es, en sus artículos para la prensa; en su cotidiano quehacer del imprescindible blog que lleva su nombre (http://baylos.blogspot.com); en sus notables aventuras editoriales: la Revista del Derecho Social en sus dos versiones: la española y la latinoamericana. Y, por supuesto, el presente texto que el mismo Baylos califica como “material escolar”. Y algo más podemos decir sobre el libro: se trata, además, de un recorrido sobre los bienes democráticos que el sindicalismo confederal ha conquistado en los últimos años. Lo que, de vez en cuando, es pertinente señalar para que el seso de los sindicalistas, dicho a lo Jorge Manrique, avive y despierte.En resumidas cuentas, el libro pretende que sepamos más, porque el conflicto social es, también, un conflicto de saberes y conocimientos y, como se ha dicho, evoquemos las conquistas de ayer y de ahora mismo. Saber más precisamente para acumular más bienes democráticos, dentro y fuera de los centros de trabajo, en estos tiempos de profundas y aceleradas transformaciones. Precisamente a través de un sostenida conversación entre sindicalistas y iuslaboralistas: una de las tareas en las que está comprometida a fondo lo que podríamos llamar la escuela de derecho social castellano-manchega con la editorial Bomarzo a la cabeza.Con vuestro permiso: me vais a permitir un cierto desahogo personal. Una de las cosas que mejores recuerdos guardo de mis viejos tiempos era ver cómo los sindicalistas llevaban en el bolsillo aquel libro titulado “Los enlaces sindicales”, que escribieron al alimón Martín Toval y Jesús Salvador que –me parece recordar— publicó la editorial barcelonesa Laia en su colección Primero de Mayo, dirigida por el inolvidable Alfons Carles Comón. En buena medida, los conocimientos prácticos que nos deparó la lectura de aquel libro fueron responsables del “asalto democrático” a las estructuras del sindicalismo putativo de la dictadura franquista.
Postdata al margen del Prólogo. Espero que el pormenorizado conocimiento de este libro comporte, de un lado, una mayor preocupación por los derechos sindicales y, de otro lado, propicie que la plena sindicalización en el centro de trabajo.
Yendo por lo derecho y sin rodeos: estamos ante un libro importante. Primero, por su contenido; segundo, por el autor que lo firma; tercero, porque viene a suplir una tradicional laguna: la precariedad de literatura iuslaboralista en lengua catalana; oído, cocina: precariedad no quiere decir inexistencia. Tres motivos que justifican sobradamente la aparición de esta investigación. Su contenido tiene, de entrada, una novedad: la provocación (en su sentido original, provocare, esto es, volver a llamar) de recordarnos algo que se olvida con excesiva frecuencia, esto es, que existe el Derecho sindical, hermano de leche del Derecho laboral. Su autor, Antonio Baylos, un eminente jurista del trabajo, que mantiene la vieja y noble tradición de algunos de sus colegas, de ayer y hoy: ser un cosmopolita ciudadano militante, partiendo de su profundo compromiso con el movimiento de los trabajadores y el sindicalismo confederal que representa Comisiones Obreras. Un inciso: no puedo dejar de pensar en toda una serie de personas: tengo en la cabeza ahora mismo el testimonio de otro amigo: Manuel Vázquez Montalbán que siempre se desvivía por acudir a todas las llamadas para decir su (siempre) lúcida palabra. Antonio Baylos tiene una característica que le distingue de la gran mayoría de profesores universitarios, incluidos los de su disciplina académica. No solamente describe la geografía del Derecho –esto es, qué dice la legislación y cómo debería ser aplicada— sino que se mete en la harina de cómo deberían ser las cosas, el por qué de cómo están las cosas y el por qué de cómo, a su juicio, deberían ser. Valga esta metáfora: Baylos no se limita a decir, como algunos geógrafos, que afirman sólo descriptivamente qué bonita es Barcelona, sino que explica las razones de lo que propone en una adecuada relación entre el ayer y ahora mismito y, de ahí, la invitación al vals del futuro. En concreto, es sobre todo un filósofo del Derecho laboral. Que escribe con la más absoluta y sencilla claridad. Digamos que es el estilo del profesor Baylos en toda su abundante producción científica: en sus escritos altamente especializados; en la literatura “de choque”, esto es, en sus artículos para la prensa; en su cotidiano quehacer del imprescindible blog que lleva su nombre (http://baylos.blogspot.com); en sus notables aventuras editoriales: la Revista del Derecho Social en sus dos versiones: la española y la latinoamericana. Y, por supuesto, el presente texto que el mismo Baylos califica como “material escolar”. Y algo más podemos decir sobre el libro: se trata, además, de un recorrido sobre los bienes democráticos que el sindicalismo confederal ha conquistado en los últimos años. Lo que, de vez en cuando, es pertinente señalar para que el seso de los sindicalistas, dicho a lo Jorge Manrique, avive y despierte.En resumidas cuentas, el libro pretende que sepamos más, porque el conflicto social es, también, un conflicto de saberes y conocimientos y, como se ha dicho, evoquemos las conquistas de ayer y de ahora mismo. Saber más precisamente para acumular más bienes democráticos, dentro y fuera de los centros de trabajo, en estos tiempos de profundas y aceleradas transformaciones. Precisamente a través de un sostenida conversación entre sindicalistas y iuslaboralistas: una de las tareas en las que está comprometida a fondo lo que podríamos llamar la escuela de derecho social castellano-manchega con la editorial Bomarzo a la cabeza.Con vuestro permiso: me vais a permitir un cierto desahogo personal. Una de las cosas que mejores recuerdos guardo de mis viejos tiempos era ver cómo los sindicalistas llevaban en el bolsillo aquel libro titulado “Los enlaces sindicales”, que escribieron al alimón Martín Toval y Jesús Salvador que –me parece recordar— publicó la editorial barcelonesa Laia en su colección Primero de Mayo, dirigida por el inolvidable Alfons Carles Comón. En buena medida, los conocimientos prácticos que nos deparó la lectura de aquel libro fueron responsables del “asalto democrático” a las estructuras del sindicalismo putativo de la dictadura franquista.
Postdata al margen del Prólogo. Espero que el pormenorizado conocimiento de este libro comporte, de un lado, una mayor preocupación por los derechos sindicales y, de otro lado, propicie que la plena sindicalización en el centro de trabajo.
martes, 2 de febrero de 2010
EL GOBIERNO Y LA NAVAJA DE OCCAM
Primer tranco. Lo que hemos vivido en las últimas horas más parece un esperpento del gran don Ramón María que otra cosa. A decir verdad, a mis años no había visto algo tan poco edificante como los vaivenes y aturrullamientos del Gobierno con el tema de las pensiones. No es cosa de hacer bromas, aunque ciertamente es muy difícil tomarse las cosas en serio. Dicho con prontitud: esto es una crisis caballuna de las formas de gobernar. Es cierto que en tiempos de don Pedro Solbes se dieron algunos anticipos, pero lo de las últimas cuarenta y ocho horas lo supera con creces: un estajanovismo desordenado de propuestas –unas diciendo pitos, otras rumbo a Bruselas tocando flautas— provinentes de las covachuelas del Ministerio que dirigen la Salgado y Campa: la casa de tócame, Roque. Mientras tanto el presidente del gobierno, raudo como una centella –cuando la tarde languidecía y renacían las sombras— tomaba su aeroplano y ponía rumbo al desayuno (putativamente santurrón) en los Estados Unidos: la familia que reza unida, permanece unida. Todo un gasto inútil, habiendo en nuestro país santuarios, ermitas y cenobios de más alta devoción popular. Por ejemplo, ahí están –viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá— el Monasterio de Las Huelgas o la Ermita de los Tres Juanes que mira, desde lo alto, la vega de Granada, una ciudad que está cerca de Santa Fe. O sea, puestos a rezar no hay motivos para gastar, en estos tiempos de crisis, tanta gasolina por los aires de los aires de los aires, amén.
Segundo tranco. Con esta zahúrda el Gobierno ha enviado unos mensajes que han arruinado algunas de sus joyas más queridas. Por ejemplo, la Ley de sostenibilidad económica. Se supone que el objetivo es –perdonen la tautología— que la economía sea sostenible. Porque si la ley es tan demiúrgica, ¿a qué viene esta retahíla de medidas? Es más, hasta la presente, nadie nos ha dicho qué fundamentación tienen: ¿es la cuestión del envejecimiento de la población? ¿es el resultado de todo un cúmulo de presiones desde “los mercados internacionales”, de las instancias internacionales y otros sinedrios más o menos relevantes?
Si se trata de lo primero (el envejecimiento de la población), estamos ante un problema no digo ficticio, pero sí de coartada. Pero en ambas cuestiones el Gobierno ignora algo que sabemos desde hace no pocos quinquenios: lo importante no es cuántos trabajan, sino la productividad que tienen. De ahí el tiempo que se ha perdido (y lo que te rondaré, morena) en no relacionar la argamasa del Estado de Bienestar con la innovación tecnológica a través de un pacto social en esa dirección. Y si se trata de lo segundo (las presiones de los mercados y los chambaos internacionales) el resultado ha sido justamente lo contrario: las caídas de la Bolsa de Madrid, ayer un 2,27 por ciento y hoy el batacazo de casi el 6 % y el cachondeo internacional ante ese desgobierno. Pues bien, si se trata de lo primero: ahí está la instancia del Pacto de Toledo. Si se trata de lo segundo: se toma una medida “para toda la vida” ante una situación contingente, sabiendo que “los mercados extrapolan a corto plazo”, según dejó enseñado Claude Bébéar, fundador y presidente de Axa, empresa líder mundial del sector de Seguros. [Acabarán con el capitalismo, Paidós, 2004]
Ante esta situación, han surgido desorientación e inseguridad, estupor y miedo de millones de personas que, ante este zafarrancho, pueden haber entrado en una crisis de vida: ¿cuándo me jubilaré y en qué condiciones? Un tema que bordaría Ulrich Beck.
No parece que el Gobierno haya caído en la cuenta del efecto resonancia: la duración de sus vibraciones tendrá un largo recorrido. Entonces, ¿cuál es la explicación de este desordenado estajanovismo gubernamental? Gente sesuda hay por academias y ventorrillos, institutos y lavaderos que se ocuparán del asunto. Yo, por si las moscas, les propongo utilizar el viejo método de la navaja de Ockham . Que, chusquera pero no desatinadamente explicado se resume así: de todas las opciones a elegir, escoge siempre la más sencilla. Me pregunto si lo más claro es que estamos ante un problema de acrisolada incompetencia.
Tercer tranco. Como era de esperar el sindicalismo ha reaccionado oportunamente: la última semana de este mes –febrerillo loco, por más señas— las calles y las plazas serán un clamor. Como siempre es necesario que resuene el grito. Pero es más necesario todavía que –con mayor fuerza y diapasón que el grito— se ponga en conocimiento de propios y ajenos el proyecto alternativo. Un proyecto que es conocido por millares de sindicalistas pero todavía no leído y escuchado por millones de personas.
Radio Parapanda. Como música de fondo Ah mes amis de La fille du regiment con el tenor colombiano Hans Ever . Y la voz abaritonada de Simón Muntaner informado sobre el EL PROBLEMA DE LOS PIIGS
Segundo tranco. Con esta zahúrda el Gobierno ha enviado unos mensajes que han arruinado algunas de sus joyas más queridas. Por ejemplo, la Ley de sostenibilidad económica. Se supone que el objetivo es –perdonen la tautología— que la economía sea sostenible. Porque si la ley es tan demiúrgica, ¿a qué viene esta retahíla de medidas? Es más, hasta la presente, nadie nos ha dicho qué fundamentación tienen: ¿es la cuestión del envejecimiento de la población? ¿es el resultado de todo un cúmulo de presiones desde “los mercados internacionales”, de las instancias internacionales y otros sinedrios más o menos relevantes?
Si se trata de lo primero (el envejecimiento de la población), estamos ante un problema no digo ficticio, pero sí de coartada. Pero en ambas cuestiones el Gobierno ignora algo que sabemos desde hace no pocos quinquenios: lo importante no es cuántos trabajan, sino la productividad que tienen. De ahí el tiempo que se ha perdido (y lo que te rondaré, morena) en no relacionar la argamasa del Estado de Bienestar con la innovación tecnológica a través de un pacto social en esa dirección. Y si se trata de lo segundo (las presiones de los mercados y los chambaos internacionales) el resultado ha sido justamente lo contrario: las caídas de la Bolsa de Madrid, ayer un 2,27 por ciento y hoy el batacazo de casi el 6 % y el cachondeo internacional ante ese desgobierno. Pues bien, si se trata de lo primero: ahí está la instancia del Pacto de Toledo. Si se trata de lo segundo: se toma una medida “para toda la vida” ante una situación contingente, sabiendo que “los mercados extrapolan a corto plazo”, según dejó enseñado Claude Bébéar, fundador y presidente de Axa, empresa líder mundial del sector de Seguros. [Acabarán con el capitalismo, Paidós, 2004]
Ante esta situación, han surgido desorientación e inseguridad, estupor y miedo de millones de personas que, ante este zafarrancho, pueden haber entrado en una crisis de vida: ¿cuándo me jubilaré y en qué condiciones? Un tema que bordaría Ulrich Beck.
No parece que el Gobierno haya caído en la cuenta del efecto resonancia: la duración de sus vibraciones tendrá un largo recorrido. Entonces, ¿cuál es la explicación de este desordenado estajanovismo gubernamental? Gente sesuda hay por academias y ventorrillos, institutos y lavaderos que se ocuparán del asunto. Yo, por si las moscas, les propongo utilizar el viejo método de la navaja de Ockham . Que, chusquera pero no desatinadamente explicado se resume así: de todas las opciones a elegir, escoge siempre la más sencilla. Me pregunto si lo más claro es que estamos ante un problema de acrisolada incompetencia.
Tercer tranco. Como era de esperar el sindicalismo ha reaccionado oportunamente: la última semana de este mes –febrerillo loco, por más señas— las calles y las plazas serán un clamor. Como siempre es necesario que resuene el grito. Pero es más necesario todavía que –con mayor fuerza y diapasón que el grito— se ponga en conocimiento de propios y ajenos el proyecto alternativo. Un proyecto que es conocido por millares de sindicalistas pero todavía no leído y escuchado por millones de personas.
Radio Parapanda. Como música de fondo Ah mes amis de La fille du regiment con el tenor colombiano Hans Ever . Y la voz abaritonada de Simón Muntaner informado sobre el EL PROBLEMA DE LOS PIIGS
sábado, 30 de enero de 2010
EL ZAPATAZO DE LAS PENSIONES
Lo primero es un homenaje a Augusto Monterroso: cuando Zapatero despertó, el consenso no estaba allí.La decisión de Zapatero es algo inaudito. Un gobernante que ha hecho del consenso una bandera toma el camino de en medio y se lanza, imprudentemente, a ampliar dos años la edad de jubilación. Sin la menor consulta, sin el menor susurro, sin la menor insinuación por su parte. Primera afrenta: los sindicatos y la oposición se enteraron por los medios de comunicación. Segunda afrenta, Zapatero deja en situación precariamente agallumbada al ministro Corbacho y, mirándose en el espejo, exclamó: “MAFO, ¿hay alguien más guapo que yo?”. Los aplausos de las tribus de estribor se disfrazaron de noviembre para no infundir sospechas. Pero Zapatero no hará como Augusto Bebel, el dirigente socialista alemán, que al ser aplaudido por la derecha en el Bundestag, exclamó a continuación: “Viejo Bebel, cuando la derecha te aplaude, pregúntate qué tontería has dicho”.Pero, además, es el caso que podría abrirse una profunda desconfianza entre los sindicatos y Zapatero con relación a las negociaciones que están en curso. Porque aparece con nitidez si estamos ante un gobernante que improvisa o que sigue a ciegas los dictados de MAFO y sus hermanos, primos y demás familiares. Sería una grieta no irrelevante porque, además, la medida es (indirectamente) una reforma del mercado laboral. Y para dicha reforma están convocados los sindicatos y las organizaciones empresariales. O sea, en vísperas de tales negociaciones, Merlín se saca autoritariamente un conejo de su chistera. Por lo demás, quien se ha llenado la boca de consenso rompe abruptamente –repito, en vísperas de negociaciones-- el estilo que cuajó en el Pacto de Toledo. De manera que, se mire por donde se mire, la alcaldada ha sido superlativa. Así pues, se entiende perfectamente el malhumor de Toxo que, como es su costumbre, no ha ido con paños calientes.Retomo lo dicho anteriormente: el planteamiento de Zapatero representa, en el fondo, una (mala) reforma del mercado de trabajo y, en esas condiciones, se convertiría en la función central de la apariencia de negociaciones que pudieran abrirse, pues el resto de los temas serían meras variables de una decisión tomada tan unilateral como autoritariamente. Digo apariencia porque las cartas ya van marcadas en esa partida desigual que, en esas condiciones, es un premio a la CEOE. Así las cosas, nos encontraríamos con la paradoja de que se premia a quienes han incordiado lo suyo y se fustiga a los sujetos que han apostado por negociar. Todo un giro copernicano de Don Talante. Zapatero, de te fábula narratur.
Ya han empezado los artificios verbales: María Teresa Fernández de la Vega ha justificado el planteamiento de Zapatero de ampliar dos años la edad de jubilación a través del magreo de palabras como la solidaridad y el vínculo intergeneracional. Quienes discrepen de la medida –se infiere de las palabras de la vicepresidenta del Gobierno— serían unos insolidarios de tomo y lomo. Pero en realidad esta metamorfosis de las palabras ya nos ha sido enseñada por el maestro Vittorio Foa en su celebrado libro LAS PALABRAS DE LA POLITICA, que un tanto atrevidamente traduje al castellano. Hablemos claro: De la Vega ha perdido la oportunidad de hablar con punto de vista fundamentado y apáticamente se ha deslizado hacia el lugar común más aparente. De todas formas una cosa hay que agradecerle: aclaró que era sólo una propuesta para llevar a la comisión del Pacto de Toledo. Como era de esperar la reunión del Comité federal del PSOE ha aprobado la propuesta. El zapatazo es ahora oficialmente política de partido.Primera observación: aunque lo más llamativo es la propuesta de incremento de dos años para la edad de jubilación, téngase en cuenta que ésta forma parte de un paquete de indicaciones más general. Esto es, nos encontramos ante una reorientación más compleja del sistema público de pensiones. De un plumazo y con una aproximada nocturnidad, disfrazada de propuesta para ser bañada por el Tajo a su paso por el Pacto de Toledo. De ahí que insista en lo dicho: con el zapatazo estamos ante el matute de una reforma subrepticia del mercado de trabajo.La segunda observación: las organizaciones empresariales no han tardado en ovacionar la propuesta del Consejo de Ministros. Nada que objetar, pues cada cual baja las escaleras según sus intereses, saber y gobierno. No es cuestión de hipocresía sino de albricias porque se ha abierto la hipótesis de un cuadro que les favorece para la puesta en escena de una apariencia de negociaciones sobre el resto de las variables de la reforma laboral que, no hace tanto tiempo, torpedearon como el viejo pirata de Espronceda con diez cañones por banda a toda vela.La tercera observación: se constata que el presidente Zapatero reincide con estas medidas –inútiles e imprudentes— en un estilo que se caracteriza por la desconexión y el aturdimiento de su gestión en el mundo de la economía y, permítaseme, la expresión: en el gobierno de lo social. Todavía no sabemos qué vínculos existen entre la Ley de Sostenibilidad económica, el cambio de modelo productivo y esta subrepticia reforma del mercado de trabajo. Que, además, se han traducido en una alocada actividad legiferante cuando sabemos desde La gran transformación de Karl Polanyi que las grandes medidas vienen desde otros quehaceres. De ahí que esta interferencia gubernamental en la metodología de la concertación sea no sólo inútil sino contraproducente. Yo pienso, por ejemplo, que los grandes capitanes de industria como Pere Durán Farell se echarían las manos a la cabeza. En resumidas cuentas, las soluciones de Zapatero son, aturrulladamente, de boletín oficial del estado. Nada, nada tiene que ver con la radiografía lúcida de, por ejemplo, Manuel Castells en http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=11. No sólo no tienen nada que ver sino que la manivela legislativa ha ido en dirección contraria provocando un conjunto de medidas de welfare clientelar sin ninguna relación entre todas ellas y sin vínculo alguno con algo con pies y cabeza: primero fueron los cheques y después todo una panoplia de pitas, pitas, gallinitas como si la sociedad fuera la Conferencia de San Vicente de Paúl. Y las que se pusieron en marcha –como, por ejemplo, la Ley de dependencia— quedaban en pura nebulosa.Oído cocina: el impertinente zapatazo debe ser contestado con la elaboración de un proyecto de welfare por parte del sindicalismo confederal. La mera oposición no basta. La primera movilización ha de ser la de las ideas. Y digo más: en la casa sindical (me refiero a Comisiones y UGT) hay saberes de sobra para elaborar ese proyecto. Una buena idea podría ser la creación de una comisión ad hoc con el coparticipación de personalidades de las diversas disciplinas. Sólo así, me atrevería a decir que nada está perdido. El que diga lo contrario, perdón por la arrogancia, es un chuchurrío.Radio Parapanda. Un locutor informa: CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL DESPLAZAMIENTO TRASNACIONAL DE TRABAJADORES
Ya han empezado los artificios verbales: María Teresa Fernández de la Vega ha justificado el planteamiento de Zapatero de ampliar dos años la edad de jubilación a través del magreo de palabras como la solidaridad y el vínculo intergeneracional. Quienes discrepen de la medida –se infiere de las palabras de la vicepresidenta del Gobierno— serían unos insolidarios de tomo y lomo. Pero en realidad esta metamorfosis de las palabras ya nos ha sido enseñada por el maestro Vittorio Foa en su celebrado libro LAS PALABRAS DE LA POLITICA, que un tanto atrevidamente traduje al castellano. Hablemos claro: De la Vega ha perdido la oportunidad de hablar con punto de vista fundamentado y apáticamente se ha deslizado hacia el lugar común más aparente. De todas formas una cosa hay que agradecerle: aclaró que era sólo una propuesta para llevar a la comisión del Pacto de Toledo. Como era de esperar la reunión del Comité federal del PSOE ha aprobado la propuesta. El zapatazo es ahora oficialmente política de partido.Primera observación: aunque lo más llamativo es la propuesta de incremento de dos años para la edad de jubilación, téngase en cuenta que ésta forma parte de un paquete de indicaciones más general. Esto es, nos encontramos ante una reorientación más compleja del sistema público de pensiones. De un plumazo y con una aproximada nocturnidad, disfrazada de propuesta para ser bañada por el Tajo a su paso por el Pacto de Toledo. De ahí que insista en lo dicho: con el zapatazo estamos ante el matute de una reforma subrepticia del mercado de trabajo.La segunda observación: las organizaciones empresariales no han tardado en ovacionar la propuesta del Consejo de Ministros. Nada que objetar, pues cada cual baja las escaleras según sus intereses, saber y gobierno. No es cuestión de hipocresía sino de albricias porque se ha abierto la hipótesis de un cuadro que les favorece para la puesta en escena de una apariencia de negociaciones sobre el resto de las variables de la reforma laboral que, no hace tanto tiempo, torpedearon como el viejo pirata de Espronceda con diez cañones por banda a toda vela.La tercera observación: se constata que el presidente Zapatero reincide con estas medidas –inútiles e imprudentes— en un estilo que se caracteriza por la desconexión y el aturdimiento de su gestión en el mundo de la economía y, permítaseme, la expresión: en el gobierno de lo social. Todavía no sabemos qué vínculos existen entre la Ley de Sostenibilidad económica, el cambio de modelo productivo y esta subrepticia reforma del mercado de trabajo. Que, además, se han traducido en una alocada actividad legiferante cuando sabemos desde La gran transformación de Karl Polanyi que las grandes medidas vienen desde otros quehaceres. De ahí que esta interferencia gubernamental en la metodología de la concertación sea no sólo inútil sino contraproducente. Yo pienso, por ejemplo, que los grandes capitanes de industria como Pere Durán Farell se echarían las manos a la cabeza. En resumidas cuentas, las soluciones de Zapatero son, aturrulladamente, de boletín oficial del estado. Nada, nada tiene que ver con la radiografía lúcida de, por ejemplo, Manuel Castells en http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=11. No sólo no tienen nada que ver sino que la manivela legislativa ha ido en dirección contraria provocando un conjunto de medidas de welfare clientelar sin ninguna relación entre todas ellas y sin vínculo alguno con algo con pies y cabeza: primero fueron los cheques y después todo una panoplia de pitas, pitas, gallinitas como si la sociedad fuera la Conferencia de San Vicente de Paúl. Y las que se pusieron en marcha –como, por ejemplo, la Ley de dependencia— quedaban en pura nebulosa.Oído cocina: el impertinente zapatazo debe ser contestado con la elaboración de un proyecto de welfare por parte del sindicalismo confederal. La mera oposición no basta. La primera movilización ha de ser la de las ideas. Y digo más: en la casa sindical (me refiero a Comisiones y UGT) hay saberes de sobra para elaborar ese proyecto. Una buena idea podría ser la creación de una comisión ad hoc con el coparticipación de personalidades de las diversas disciplinas. Sólo así, me atrevería a decir que nada está perdido. El que diga lo contrario, perdón por la arrogancia, es un chuchurrío.Radio Parapanda. Un locutor informa: CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL DESPLAZAMIENTO TRASNACIONAL DE TRABAJADORES
lunes, 7 de diciembre de 2009
A LAS 12 DEL 12 EN MADRID
Todo indica que la manifestación de los trabajadores de toda España que se celebrará en Madrid el próximo día 12 será un éxito. Por supuesto, éste es mi deseo, pero también los indicios apuntan en esa dirección. Naturalmente, no es cosa de confiar en los hados, de manera que todavía queda mucha tela que cortar y mucho hilo por organizar. Y en eso están los activistas sindicales.
Harán bien los grupos dirigentes en leer la manifestación, en interpretar seria y rigurosamente el nivel de participación y las características de la misma. Por lo general, la tendencia que siempre hemos tenido ha sido la lectura cuantitativa: fuimos tantos miles y miles y miles. Naturalmente, así también debe ser ahora. La explicación es bien sencilla: esa vieja dama que es doña Correlación de Fuerzas entiende de números. Pero tan caprichosa amiga atiende en no menor medida a los elementos cualitativos que, desde tiempos inmemoriales, no analizamos con detenimiento. Esto es, qué tipologías de gente se manifiestan, qué sectores acuden a la movilización, qué grupos de edad asisten, qué corean, desde dónde vienen todos ellos, qué describen sus pancartas, cómo van vestidos, qué dicen sus caras… No se trata de un exhibicionismo sociológico sino de almacenar los datos que, individual y colectivamente, expresan una demostración de fuerzas. Quedamos, pues, en la conveniencia de leer la manifestación en su doble vertiente cuantitativa y de calidad.
Esa doble interpretación es necesaria porque las exigencias concretas que motivan la presión organizada del día 12 apuntan, en el fondo, a que la salida de la crisis sea una condición para una efectiva justicia social y la igualdad. En mi opinión, ese es el trasfondo de los planteamientos reivindicativos de esa gran apuesta del día 12.
Desde luego, el gran gesto colectivo de la manifestación—entendida como proceso-- puede apuntar a que el sindicalismo confederal (CC.OO. y UGT) aborde con mayor soltura los cambios sociales y económicos, que están presentes en esta coyuntura de innovación-reestructuración y de crisis general, que todavía está lejos de disiparse, y de afrontar el problema de la fragmentación social, y de ahí encarar los enormes desafíos: el gobierno de las transformaciones en curso extendiendo los derechos en el trabajo y en el territorio. En resumidas cuentas, mostrar la utilidad protectora y de representación del sindicalismo confederal, tanto en los grandes asuntos como en los (aparentemente) menores.
Lejos de un servidor pensar que el 12 será la panacea. Hablo de iniciar un proceso cualitativo. También en la personalidad, en la forma de ser sindicato. De ahí, me permito insistir, la necesidad de una lectura meticulosa de las características cualitativas de la manifestación. Y, por supuesto, sacar las debidas consecuencias. Por ejemplo, se observa en los foros de Internet (facebook y otros) el gran ajetreo juvenil organizando el día 12. La pregunta es: ¿van a estar siempre en el banquillo? No quiero banalizar las cosas, pero acordaros de Pep Guardiola y del aluvión de muchachos que ha sacado de la cantera a jugar en el primer equipo en las grandes solemnidades…
Por lo demás, no perdamos el tiempo en la batalla de las cifras de los participantes: siempre hay voces interesadas en demediar el número. Son gentes que afirman que en el teorema de Pitágoras el cuadrado de la hipotenusa es igual a la resta de los cuadrados de los catetos. De manera que es inútil esa polémica. Así pues, nosotros a lo nuestro: a ver qué gentes acuden. Una buena parte de ellos expresan la identidad actual del sindicalismo confederal y otro buen cacho indica la identidad que va siendo y que, sin duda, será a no más tardar. Consolidemos, pues, “ambas” identidades estableciendo el machihembrado para generar la identidad in progress, la que va siendo.
jueves, 19 de noviembre de 2009
EL CRUCIFIJO Y BERSANI
En la entrada ¿UNA NUEVA FASE EN EL PARTIDO DEMOCRATICO ITALIANO? señalaba la novedad que podría representar la elección de Pierluigi Bersani como primer espada del Partito democratico italiano. Me basaba en dos cosas: la lectura de los documentos de Bersani y en las informaciones de buenos amigos que nunca tuvieron pelos en la lengua. Quiero seguir manteniendo tales esperanzas, fundadas en este caso en un razonable cacho de posibilismo. Pero es el caso de…
… es el caso de que me he llevado una sorpresa bastante desagradable con unas sorprendentes declaraciones de Bersani. El flamante secretario del Partito democratico italiano se ha dejado caer con esta afirmación: “"Un'antica tradizione come il crocifisso non può essere offensiva per nessuno. Penso che su questioni delicate come questa, qualche volta il buonsenso finisce di essere vittima del diritto”. Que no necesita traducción ni aclaración.
Es sabida la áspera polémica que hay en Italia sobre el tema del crucifijo (y otros símbolos religiosos) en los lugares públicos y, especialmente, en la escuela. Y no menos conocida es la resolución del Tribunal Europeo dando cumplida respuesta a quienes impugnaban la presencia del crucifijo. Hablando en plata, el Tribunal dijo: “No ha lugar”. Y, entonces, para decirlo en palabras castizas se armó la de Dios es Cristo. Hubo quien aplaudió y quien, como el jabalí, se pasó el día rebudiando. También los hubo que dijeron: “haremos lo que nos pase por la entrepierna”.
Las declaraciones de Bersani son sorprendentes. Porque el dirigente político se atribuye que nadie puede sentirse ofendido por una tradición antigua. ¿Cómo lo sabe? Sorprendentes, además, porque –según él-- el buen sentido acaba siendo “víctima del Derecho”. Palabras que, en mi opinión, son excesivamente arriesgadas. Así pues, Bersani ha perdido la oportunidad de afirmar prudentemente que “no comparte la sentencia del Tribunal, pero que la respeta”. Con lo que, aunque se le siga viendo el plumero, hubiera quedado mejor. Y, por lo menos, no hubiera ofendido a quienes sí se sienten ofendidos por la incoherencia de la presencia de determinados símbolos religiosos en las instancias del Estado no confesional.
Pero hay más: ¿todas las antiguas tradiciones deben respetarse en tanto que antiguas tradiciones? Sería farragosa la lista de las antiguas tradiciones y, para no ofender a nadie, dejaré las cosas así. Pero no me resisto a citar una antigua tradición con menos solera: la separación entre Iglesia y Estado. Aunque, a decir verdad, se trata de una separación imperfecta. Y, por supuesto, siempre mirada en clave de fastidio por parte de no sé cuantos sectores.
Lo diré con claridad: soy agnóstico con la cabeza y ateo con las tripas. Lo que no me impide ser respetuoso con las creencias. Ya he dicho en innumerables ocasiones que tengo muy buenas amistades con cristianos de diversa condición. He mencionado en frecuentes momentos el compromiso común entre creyentes e increyentes (ésta es una palabreja que siempre me dio repelús) en los primeros andares de la gestación de Comisiones Obreras o la solidaridad fuerte de sacerdotes en todo Catalunya y de las monjas (por ejemplo, las de los conventos de San Hermenegildo y Maó en Barcelona) con las luchas obreras de principios de los setenta. De manera que lo tienen crudo quienes piensen que soy un anticlerical o un comecuras: no fue esa la formación familiar que recibí en casa por parte de mi padre adoptivo, el maestro confitero Ceferino Isla.
Pero tampoco es desde esa forma de ser (el respeto abstracto hacia los demás, creyentes en ese caso) lo que me hace razonar: se trata del respeto y cumplimiento al Estado de Derecho, de sus normas democráticas. En concreto, la consideración de que el Derecho en democracia está ahí y la Iglesia en otro lugar. Así en España como en Italia.
Peliaguda batalla es ésta, la de los símbolos religiosos. Y no digamos toda esa panoplia de “las raíces cristianas en Europa” como elemento central de las polémicas en curso. Pero, oído cocina: las raíces cristianas tienen diversa consideración. Las ha habido de todo tipo: desde las enormemente positivas a las que se engendraron, desarrollaron y consolidaron a sangre y fuego. Por supuesto, no sólo desde el catolicismo, también a los reformadores protestantes se les fue la mano de lo lindo. Unas raíces cristianas como fruto de la alianza entre le sabre et le goupillon (que diría Jean Ferrat), ya fuera el sable de Carlos V o de Federico de Sajonia; el primero con los hisopos de Roma, el segundo con los de Lutero. En resumidas cuentes, hay antiguas tradiciones que tienen el color de verde vómito.
Querido Bersani, te recomiendo la lectura de un libro. Se trata de Herejes en la historia, a cargo de Mar Marcos [Trotta, 2009]. No veas lo que explican los diversos ponentes: todos ellos gente muy respetable. Y, me permitirás una amable consideración: omnia sunt comunia, el lema de los amigos de Thomas Münzer, quemado en carne viva por Sajonia y Roma. Por lo demás, a pesar de todos los pesares, sigo esperando que puedas dar (y que te dejen dar) el do de pecho en la izquierda. Como mínimo el que daba Franco Corelli en la afamada aria Di quella pira donde sólo se quema de mentirijillas. Vale.
… es el caso de que me he llevado una sorpresa bastante desagradable con unas sorprendentes declaraciones de Bersani. El flamante secretario del Partito democratico italiano se ha dejado caer con esta afirmación: “"Un'antica tradizione come il crocifisso non può essere offensiva per nessuno. Penso che su questioni delicate come questa, qualche volta il buonsenso finisce di essere vittima del diritto”. Que no necesita traducción ni aclaración.
Es sabida la áspera polémica que hay en Italia sobre el tema del crucifijo (y otros símbolos religiosos) en los lugares públicos y, especialmente, en la escuela. Y no menos conocida es la resolución del Tribunal Europeo dando cumplida respuesta a quienes impugnaban la presencia del crucifijo. Hablando en plata, el Tribunal dijo: “No ha lugar”. Y, entonces, para decirlo en palabras castizas se armó la de Dios es Cristo. Hubo quien aplaudió y quien, como el jabalí, se pasó el día rebudiando. También los hubo que dijeron: “haremos lo que nos pase por la entrepierna”.
Las declaraciones de Bersani son sorprendentes. Porque el dirigente político se atribuye que nadie puede sentirse ofendido por una tradición antigua. ¿Cómo lo sabe? Sorprendentes, además, porque –según él-- el buen sentido acaba siendo “víctima del Derecho”. Palabras que, en mi opinión, son excesivamente arriesgadas. Así pues, Bersani ha perdido la oportunidad de afirmar prudentemente que “no comparte la sentencia del Tribunal, pero que la respeta”. Con lo que, aunque se le siga viendo el plumero, hubiera quedado mejor. Y, por lo menos, no hubiera ofendido a quienes sí se sienten ofendidos por la incoherencia de la presencia de determinados símbolos religiosos en las instancias del Estado no confesional.
Pero hay más: ¿todas las antiguas tradiciones deben respetarse en tanto que antiguas tradiciones? Sería farragosa la lista de las antiguas tradiciones y, para no ofender a nadie, dejaré las cosas así. Pero no me resisto a citar una antigua tradición con menos solera: la separación entre Iglesia y Estado. Aunque, a decir verdad, se trata de una separación imperfecta. Y, por supuesto, siempre mirada en clave de fastidio por parte de no sé cuantos sectores.
Lo diré con claridad: soy agnóstico con la cabeza y ateo con las tripas. Lo que no me impide ser respetuoso con las creencias. Ya he dicho en innumerables ocasiones que tengo muy buenas amistades con cristianos de diversa condición. He mencionado en frecuentes momentos el compromiso común entre creyentes e increyentes (ésta es una palabreja que siempre me dio repelús) en los primeros andares de la gestación de Comisiones Obreras o la solidaridad fuerte de sacerdotes en todo Catalunya y de las monjas (por ejemplo, las de los conventos de San Hermenegildo y Maó en Barcelona) con las luchas obreras de principios de los setenta. De manera que lo tienen crudo quienes piensen que soy un anticlerical o un comecuras: no fue esa la formación familiar que recibí en casa por parte de mi padre adoptivo, el maestro confitero Ceferino Isla.
Pero tampoco es desde esa forma de ser (el respeto abstracto hacia los demás, creyentes en ese caso) lo que me hace razonar: se trata del respeto y cumplimiento al Estado de Derecho, de sus normas democráticas. En concreto, la consideración de que el Derecho en democracia está ahí y la Iglesia en otro lugar. Así en España como en Italia.
Peliaguda batalla es ésta, la de los símbolos religiosos. Y no digamos toda esa panoplia de “las raíces cristianas en Europa” como elemento central de las polémicas en curso. Pero, oído cocina: las raíces cristianas tienen diversa consideración. Las ha habido de todo tipo: desde las enormemente positivas a las que se engendraron, desarrollaron y consolidaron a sangre y fuego. Por supuesto, no sólo desde el catolicismo, también a los reformadores protestantes se les fue la mano de lo lindo. Unas raíces cristianas como fruto de la alianza entre le sabre et le goupillon (que diría Jean Ferrat), ya fuera el sable de Carlos V o de Federico de Sajonia; el primero con los hisopos de Roma, el segundo con los de Lutero. En resumidas cuentes, hay antiguas tradiciones que tienen el color de verde vómito.
Querido Bersani, te recomiendo la lectura de un libro. Se trata de Herejes en la historia, a cargo de Mar Marcos [Trotta, 2009]. No veas lo que explican los diversos ponentes: todos ellos gente muy respetable. Y, me permitirás una amable consideración: omnia sunt comunia, el lema de los amigos de Thomas Münzer, quemado en carne viva por Sajonia y Roma. Por lo demás, a pesar de todos los pesares, sigo esperando que puedas dar (y que te dejen dar) el do de pecho en la izquierda. Como mínimo el que daba Franco Corelli en la afamada aria Di quella pira donde sólo se quema de mentirijillas. Vale.
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