jueves, 23 de febrero de 2012

LA MAQUILA CATALANA

En nuestra entrada LOS NEGOCIOS PATRIÓTICOS DE LA GENERALITAT. ¿Maquilas en Catalunya? dábamos cuenta de los negocios que plantea el empresario de Eurovegas, Sheldon Adelson al gobierno de la Generalitat de Catalunya. Nosotros, bien pronto, estuvimos al tanto gracias a nuestro anónimo comunicante a quien dimos en llamar Garganta Flexible. Pues bien, el martes pasado el magnate norteamericano fue recibido con todos los honores por el presidente de la Generalitat y Míster Parné expuso sus condiciones para invertir en Catalunya; en caso contrario se iría a Madrid donde –según él— tiene fuertes agarraderas en Aznar y Aguirre.

 

Lo que nos informó Garganta era tan fiel como que la Tierra gira alrededor del Sol. Y buena prueba de ello es que, por fín, las propuestas de Míster Parné se han hecho públicas. El País, en su sección catalana, informa de ello. Es decir, no se trata de un bulo de Radio Macuto. Tomen aliento. Respiren hondo. Y lean. Pero antes, séame permitido un ligero desahogo: ni siquiera  Sam Giancana hubiera llegado tan lejos. Lean, lean:

 

Una  reforma del Estatuto de los Trabajadores para relajar la rigidez de los convenios colectivos.

Cambios en la Ley de Extranjería para acelerar la concesión de permisos de trabajo y dar “un trato preferente” a sus empleados foráneos.

Dos años de exención casi total del pago de las cuotas a la Seguridad Social y de las tasas estatales, regionales y locales.

El Estado debería ser garante de un préstamo de más de 25 millones que solicitaría al Banco Europeo de Inversiones.

Una ley que garantice ventajas fiscales durante 10 años.

Acceso a los casinos de menores y ludópatas, en cuyo interior, además, se podría fumar.

Cambios en la ley de prevención de blanqueo de capitales: solo se obligaría a identificar al cliente a la entrada del casino y cuando quiera cambiar fichas por más de 2.000 euros.

En el caso de Madrid, cesión de suelo público y que se reubiquen viviendas protegidas en otros emplazamientos. Y nuevas infraestructuras (metro, Cercanías, carreteras, conexión con el AVE) en Valdecarros y el traslado del vertedero de Valdemingómez y el asentamiento de la Cañada Real.



¿Cómo quedará la cosa? Les iremos informando. Gargante Flexible no descansa y nos irá comunicando los entresijos de lo que él mismo llama la Operación Almogávares.



Radio Parapanda. Coplillas “Americanos”: http://www.youtube.com/watch?v=m-r8YOm-82U

martes, 21 de febrero de 2012

EL GOBIERNO DE LOS PEORES Y "EL ENEMIGO"

Antonio Moreno, jefe superior de la policía del País Valencià, ha declarado que los estudiantes que se manifestaban son “el enemigo”. Por eso, en esa lógica, las fuerzas del orden público actuaron de una manera tan salvaje. Es de suponer que ese Moreno conoce el valor de las palabras y los conceptos que designan: no se pone en manos de un indocumentado una responsabilidad de ese calibre. Digamos, pues, que no se trata de un desliz, ni de un calentón. De manera que vale la pena hacer una reflexión en torno al tal Moreno y algunas cosas más.

Me pregunto: ¿qué formación constitucional se da en las escuelas de la policía? Porque salta a la vista que quienes ejercen el derecho democrático de manifestarse no son “el enemigo”. Lo digo porque el tal Moreno no parece que, por su edad, se haya formado en las escuelas de la policía en tiempos de la dictadura. Así pues,  es elemental que las fuerzas políticas  –y la sociedad civil organizada--  reclamen una investigación a fondo sobre los planes y los contenidos de estudio que se imparten en tales escuelas y centros de formación. Por supuesto, reclamar el cese inmediato de dicho personaje es un imperativo democrático: un deber ser democrático. Esa declaración de guerra es la expresión –digámoslo sin tapujos— de un fascismo aflorado. Hasta donde sabemos,  declaraciones como las de ese Moreno, sólo se han jaleado en Italia cuando era gobernada por Berlusconi, “el demagogo oligárquico” (1).

La pregunta de dónde ha salido ese Moreno es, pues, pertinente.  Y, tres cuartos de lo mismo, vale inquirir si está sólo en esa concepción, si forma parte de algún sustrato policial insconstitucional (o contraconstitucional) submergido o parcialmente aflorado. La cosa no es baladí porque hasta ahora no se ha sido lo suficientemente contundente con que en los alrededores de la corrupción, lo peor es la arbitrariedad de aquellos altos funcionarios que toman decisiones arbitrarias.

Digamos, por lo tanto, que las palabras de ese Moreno atentan –no ya a la calidad de la democracia, que también--  sino al carácter mismo, fundante, de la democracia. Y por ahí no debe darse ningún cuartelillo.   


(1) Véase Michelangelo BoveroContro il geverno dei peggiori, Laterza (2000). 


 Postdata. Me informa La Directa que:  Antonio Moreno Piquer, cap de la policia espanyola al País Valencià, féu ahir unes declaracions que causaren sorpresa i indignació, car tractà els estudiants que es manifestaven d'enemics. Segons el setmanari Directa, Moreno Piquer mai no ha amagat l'afinitat amb José Luis Roberto, cap ultradretà del grupuscle España 2000, un dels responsables de l'associació de proxenetes més gran de l'estat espanyol i president de l'empresa Levantina de Seguridad.

Moreno ha signat cartes d'agraïment a Levantina per algunes accions pretesament meritòries d'agents de seguretat privada. I va presidir, el 5 de maig de 2009, el lliurament d'onze diplomes a guardes de seguretat que treballen a les ordres de Roberto agraint-los la seva tasca professional.



El cap de la policia de València fou nomenat el 30 de juliol de 2008. La seva carrera professional va començar a la Brigada Provincial d'Informació de València, però l'any 1997 fou destinat a Galícia, com a responsable de la Brigada de Seguretat Ciutadana de la Corunya. El seu superior jeràrquic, Carlos Rubio, el va tornar a reclamar a València com a número dos, on fou nomenat cap superior de policia el 2007. I quan Rubio passà a la Direcció Superior de Madrid va deixar lliure la plaça de València, que fou ocupada per Moreno. 



viernes, 17 de febrero de 2012

PUES CLARO QUE SE TRATA DE PODERES

El otro día Mariano Termidor declaró a los medios de difusión, sobre chispa más o menos, lo siguiente: los sindicatos están enfadados porque la reforma les quita poder en la negociación colectiva, en los expedientes de crisis, etc.  

Comoquiera que las organizaciones empresariales no se han quejado –es más, han aplaudido la contra reforma— habrá que convenir que ésta no es “equilibrada” como sostiene la ministra de trabajo y, en cambio, sí es “agresiva” como afirma el ministro Guindos. Pero, además, las palabras de Mariano Termidor nos llevan a una suposición de mayor calado. Por lo menos, el sindicalismo protesta con vehemencia cuando, desde el gobierno –invadiendo materias indecidibles para cualquier gobernante o institución, según declara Norberto Bobbio—arremete contra el poder sindical, esto es, derechos e instrumentos de control. No hace como los gobernantes que, zarandeados por los poderes económicos, se achanta y arrodilla. Es decir, cuando desde fuera del Estado los mercados –la espuma de las multinacionales, según Chomsky--  sustraen poder a los gobiernos, éstos, por lo general gustosamente, callan y bajan la cerviz. O lo que es lo mismo: los poderes corporativos agraden sistemáticamente el “interés general”  sin que los gobiernos digan esta boca es mía.  

No vayamos con zarandajas nosotros: pues claro que el problema central es una lucha de poderes. Como ha sido siempre, faltaría más. De poderes: derechos e instrumentos. Es el único lenguaje que entiende doña Correlación de Fuerzas


sábado, 11 de febrero de 2012

LA GUILLOTINA DE MARIANO TERMIDOR

Mariano Termidor ha cambiado las reglas del juego y el campo de juego de manera unilateral.  Se ha consumado la contrarreforma laboral más agresiva desde 1977, justamente la que querían los hombres de Lehman Brothers en España, la que venía exigiendo desde hace años el Círculo de Empresarios con Claudio Boada a la cabeza.. En todo caso alerto: tampoco colmará los deseos de los poderes salvajes que, en menos que canta un gallo, volverán a insistir en la copla de “¡más madera!”.

La intención de esta guillotina tiene dos caras inseparables: una, la desforestación de derechos y la eliminación de instrumentos; otra, la marcha hacia una democracia autoritaria, donde los derechos sociales, cada vez más pálidos, serían un perifollo para no dar que hablar más de lo necesario. Unos derechos sociales que, así las cosas, se conciben como límites imsoportables del poder empresarial y no como substancia de la democracia.

A estas alturas, el poder negocial del sindicalismo ya no era tolerable, precisamente porque, a pesar de sus limitaciones, interfería en la discrecionalidad de la ultraderecha económica y de la política termidoriana. En esa tesitura era preciso arruinar los instrumentos de la concertación social y el carácter del convenio sectorial. Es la democracia que impone, no aquella que delibera, y por eso es autoritaria. Que se impone pro domo business hacia un estado benefactor empresarial. Así pues, se ha abierto algo más que una cesura con la democracia liberal.  Lo que se ha abierto, tiempo hace, es un proceso "deconstituyente" (según la expresión de Luigi Ferrajoli) de vaciamiento de la democracia política (1).  

Voces autorizadas dirán qué es menester poner en marcha para contrarrestar este tornado. A mi juicio lo más urgente de la respuesta es la vertebración de un potente movimiento unitario, social y político, capaz de evitar la consolidación de este desmán antidemocrático.




(1) Luigi FerrajoliPoderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional (Trotta, 2011)

jueves, 2 de febrero de 2012

EL ESTATUTO DE LOS LECTORES Y LAS MANIFESTACIONES DE AYER

Algunos redactores de noticias son, por lo general, de letras. De ahí que debamos disculparles el límite de sus conocimientos que se agotan en las decenas de miles, en este caso de personas. En todo caso, hay quien afirma que se trata de las obligaciones que impone el libro de estilo que, según parece, también muestra su desconocimiento de la serie natural de los números. Sea como fuere parece obligado reclamar que, sin ser un lince en las disciplinas de ciencias, los números enteros van un poco más allá de las decenas de miles. Lo prueba, por ejemplo, el hecho de que determinadas fortunas (incluso españolas) ascienden a millones y millones de euros.  No parece tampoco que responsables político-administrativos sean duchos en la cosa de la aritmética, porque también los centenares de miles (de personas) están al margen de sus saberes, aunque no de la cuantía de los centenares de miles (de euros) de su nómina. Otros, por lo demás, sufren tortícolis arítmética: saben almacenar una millonada gracias a su reconocida cleptocracia compulsiva, pero en el caso de contar las personas de las Cincuenta y siete ciudades se quedan a la Luna de Valencia.

Todo ello pone en tela de juicio la calaña de los poderes mediáticos. De ahí que me pregunte, ¿no ha llegado el momento de establecer una serie de garantías concretas para que el lector (y lectora, por supuesto) reciban una información ponderada y, al menos, aproximadamente fiable? Nuestro amigo Enzo Marzo plantea, en ese sentido, la aprobación de un Estatuto de los lectores en su doble vertiente de ciudadanos y consumidores (1).  Hablando en plata: la información como componente necesaria y constitutiva de la democracia.  

En fin, si ayer sólo hubo decenas de miles de personas en las calles de las Cincuenta y siete ciudades rechazando la contra reforma laboral, ¡que vengan Dios padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y lo vean!


(1) Enzo Marzo es también autor de un libro, Le voci dei padroni  



viernes, 27 de enero de 2012

ELENA VALENCIANO

En puertas de que la ciudad del trabajo y sus amistades se echaran a la calle el pasado día 19, Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, afirmó desparpajadamente que las protestas no ayudan a que en el exterior se confíe en España (1).  Primera consideración, seguramente no querida por Valenciano: los millones de personas de carne y hueso que recibieron hace meses los hachazos de la motosierra y, ahora más todavía, al no resignarse a lo uno y lo otro (especialmente en estos momentos) trasladamos al exterior una mala imagen. Por lo demás, Valenciano no dice nada acerca de cómo deben reaccionar esos millones de personas que –antes estaban agredidos y ahora lo son más todavía--  ante lo que les está cayendo. Por supuesto, para compensar la idea propone a Rajoy que dialogue, que pacte con ellos. Pero en la Torre del Homenaje, al margen del común de los mortales. Una propuesta que, por sus características, se hace como si estuviéramos en una situación normalizada, y no excepcional.

Segunda consideración: el común de los mortales no debió considerar adecuadas las palabras de Valenciano –¡hay que ver los esfuerzos que tiene que hacer uno para no trasladar medio kilo de ira al ciberespacio!--  y puso el músculo (que no duerme) en movimiento. Como quien no acepta que la política se haga sólo en un único lugar y por arriba.

Empiezo a pensar que en el PSOE existen varias crisis superpuestas: una, de posición en esta fase que no es un momento de normalización; dos, de proyecto capaz de abrir unas pistas de cómo salir de esta situación; y tres (que puede ser la primera) de liderazgo. Que, en esta situación anormal, es un elemento de primer orden en el escenario político español.  De ahí que la pregunta podría ser: ¿durante cuánto tiempo tendrán los socialistas la imaginación descansando?

Tercera consideración: ¿cómo entender que la ciudad del trabajo y sus amistades estaban el día 19 en la calle de manera oceánica y las difusas planas mayores del socialismo español estaban en su lugar descansen?  

Cuarta consideración: ¿no tienen los socialistas algún recambio que pueda decir algo con pies y cabeza, que pueda hacer algo útil en estos momentos? Y digo yo: ¿por qué no sacan del archivo a Josep Borrell?







domingo, 22 de enero de 2012

DEL FORDISMO AL TURBOCAPITALISMO

Se inicia con esta entrada una saga de ejercicios de redacción que servirán de base para el debate sobre “La ética de los empresarios y el mundo del trabajo” que tendrá lugar el 15 de febrero con motivo de la representación de Quitt, los irresponsables están en vías de extinción, e la pieza teatral de Peter Handke en el Lliure de Barcelona (*).  

Primer tranco

Todos hemos oído hablar del vínculo que estableció Max Weber entre ética calvinista y ética empresarial.  Lo que no se ha dicho –o al menos yo no lo he sentido--  es que la ética calvinista es incompatible (y represora de la) tolerancia. Los objetivos del empresario (y más concretamente del capitalismo) fueron expresados sin protocolo alguno por Milton Friedman en su artículo en 1970 en el New York Times Magazine: “obtener los mayores beneficios posibles”. Por supuesto, no es la única personalidad que ha hablado en esos tonos; lo traemos a colación porque esa literatura aparece en un momento clave: cuando, según las apariencias, el sistema ha perdido mordiente.  Era aquella, todavía, una época de esplendor del fordismo, el sistema empresarial y de vida que connotó profundamente el siglo XX. Hoy –y para nuestra reflexión de hoy— vale la pena decir que el sistema fordista es ya tendencialmente pura chatarra. Y, en aras a la contundencia, podemos decir que la granempresa fordista ha pasado a mejor vida y, más todavía, ha sido derrotada –o, si lo prefieren, substituida— por los nuevos capitales especulativos. Ahora bien, esa derrota o substitución mantiene la tradicional ética empresarial: obtener los mayores beneficios posibles en esta fase de innovación-reestrcuturación de los grandes capitales en un mundo global cuyo objetivo, en mi opinión, es la generación de una nueva fase de acumulación capitalista.  

En todo caso sería conveniente observar los principales rasgos de la ética de la granempresa, que se han hecho más visibles en la última fase del fordismo, y que en buena medida se están consolidando en los tiempos de hoy. De un lado, se ha acentuado el proceso de autolegitimación de la empresa y, de otro lado, los capitales se han ido extraterritorializando. En cierto modo ambas cosas han conducido a unos capitales autistas. Esto es, sin ninguna vinculación al territorio y a la sociedad. Lejos están aquellos tiempos en que, por poner un ejemplo local, la burguesía catalana propició importantes aventuras culturales cuya expresión más llamativa fue la construcción del Palau de la Música (1905 – 1908).  

La autolegitimación de la empresa ha conducido a su autorreferencialidad. Así pues, su ética no tiene vínculos y compatibilidades con la sociedad. Ella misma se corona como sistema en una especie de Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.  Por lo tanto, desde esa óptica, sobran los poderes y controles que, aunque siempre insuficientes, podrían condicionar y parcialmente interferir a la granempresa. Esta es una primera consideración con respecto a la fase anterior, el fordismo. En efecto, a lo largo del pasado siglo, el fordismo se vio abocado a ceder (siempre de mala gana y tolerándolo en clave de fastidio) una parte de su hegemonía gracias a las acciones de los movimientos sindicales y de las izquierdas, muy concretamente tras la segunda posguerra.  En ese contexto se produjeron significativas conquistas sociales en derechos (bienes democráticos, en acertada expresión de Gerardo Pisarello) y en espacios de intervención de las izquierdas sociales y políticas con la construcción itinerante del Estado del Bienestar (welfare state).  

Segundo tranco

La autolegitimación y autorreferencialidad del sistema explican la ruptura de los vínculos de la empresa con la sociedad. Una y otra han acentuado, todavía más, el carácter ademocrático de la empresa, que ha sido visto por un agudo Umberto Romagnoli de la siguiente manera: “ … en la empresa no existe la posibilidad de un cambio de roles, gobierno y oposición permanecen siempre fijos”. Y en ese clavo remacha Antonio Baylos: “poder sin alternativa, contrapoder que nunca puede substituirlo” [Derecho del trabajo, modelo para armar. Trotta, 1991] Hablando en plata: la ética empresarial se autolegitima y autorreferencia sin aceptar alternativa alguna. Excepto, claro está, la interferencia del ejercicio del conflicto social que pone en entredicho no el uso del poder empresarial sino el abuso.    


Hasta tal punto ha llegado dicha ruptura de los vínculos con la sociedad –una de sus expresiones más generalizadas lacerantes es la corrupción generalizada-- se concreta en que el sistema es indiferente a sus propios fracasos, siempre justificados con la contundencia de una serie de nuevos lenguajes mixtificadores, toscos o sofisticados, que han sido copiados ad nauseam por la gramática política. Indiferente a sus propios fracasos, hemos dicho. Todas las recetas que ha ofrecido el neoliberalismo han llevado a considerables estropicios que dejaron países enteros en condiciones aún peores; y, sin embargo, se mantiene el mismo menú y el mismo argumentario. Lo más llamativo es que se sigue planteando la misma profilaxis que llevó a la crisis el año 2008. Aunque, aprovechando la ocasión, se apunta contra los derechos de una manera que parece desempolvar la famosa frase de Odilón Barrot: La legalite nous tue". De ahí los intentos de laminación, por ejemplo, del Derecho del trabajo y su traslado al iusprivatismo. De ahí la intentona de desforestación del welfare (de sus poderes, controles y recursos) hacia el mundo de los negocios que se autolegitiman y autorreferencian. Barrot es, así las cosas, la panacea, el bálsamo de Fierabrás. Y para lo que nos ocupa, la ética del sistema-business.  Que insiste machaconamente en ampliar desbocadamente las privatizaciones hasta límites paroxísticos, por ejemplo.     

La ética capitalista se propuso, a partir de los años ochenta, no tanto influir en la política sino hacer de ella su exclusiva prótesis, es decir, un sujeto cooptado. Parodiando el viejo dicho escolástico la filosofía de la política se convirtió en la criada de la teología del sistema. Y para decirlo con cierta contundencia:  la política instalada ya no es el partido-amigo del sistema-business sino su (agradecido) correveidile. De manera que no es exagerado afirmar que, así las cosas, las democracias han sido puestas en crisis por el sistema capitalista en su actual expresión que son los (llamados pacatamente) mercados financieros, que Chomsky calificó como “la espuma de las multinacionales”.  Una crisis que no es contingente sino de largo recorrido. Que, además, es vista –como diría Bruno Trentin de manera educada—distraídamente por la izquierda política. En resumidas cuentas, no es una exageración afirmar que los mercados mandan y los gobiernos gestionan dichos dictados.

Por otra parte el sistema capitalista, que no sólo ha cooptado a la política, se mueve como Pedro por su casa en esos amplios territorios de la globalización, favorecido por la ausencia de instituciones políticas globales al tiempo que no respeta ni siquiera aquellos organismos en los que está formalmente representado como, por ejemplo, la Organización  Internacional del Trabajo. Así que, yendo por lo derecho: ya no estamos ante una ética local o nacional del capitalismo sino global. De una globalización esencialmente triádica, situada en los tres grandes núcleos que dominan la economía mundial: Norteamérica, Europa occidental y el Sudeste asiático. Lo que provoca una catastrófica ruptura del planeta entre esos tres focos cada vez más integrados y el resto de los países, especialmente los del África negra, cuyas poblaciones, de un lado, son cada vez más pobres, marginadas y excluidas; y, de otro lado, sojuzgadas por sus propias (macabras) élites locales en dependiente connivencia con los grandes capitales globales. Algo muy parecido a la descripción que se puede ver en 'El sueño de Celta',  la última novela de Mario Vargas Llosa.  De aquel universo, así en las metrópolis como en aquellas tierras de las que habla Vargas, salió la gigantesca acumulación de capital en el siglo XIX. De aquella ética que no aceptaba alternativas surgió el gran desmán, que hogaño quiere reeditarse plenamente.

Y hoy, igual que ayer, estamos ante la violencia del poder privado empresarial tal como ha sido visto por Antonio Baylos y Joaquín Pérez Rey en su ya famoso libro (1). Según Valeriano Gómez y Luís Martínez Noval  desde 2002 se han realizado siete millones de despidos,  el 60%, mediante despido exprés  en España (2). Lo que me lleva a insinuar algo que me ronda la cabeza de un tiempo a esta parte: el Estado ya no tiene el monopolio de la violencia. Hoy se trata de un duopolio: el del Estado y el del poder privado.    


Tercer tranco


Salir gradualmente de esta situación es tarea realmente difícil, pero no existe maldición determinista alguna que lo actual se perpetuará por los siglos de los siglos. La ética del turbocapitalismo no es algo definitivamente dado. La cuestión radica en la voluntad política en salir de esta fase participando en ese itinerario de largo recorrido el mayor número de coaligados, de buenas compañías en ese viaje. Hay que plantar cara al   mundo de las finanzas, “ese sistema que no tiene nombre ni cara, no será jamás candidato y no será elegido, y sin embargo, gobierna”, ha dicho François Hollande –no sabemos si desde la ética electoral o desde la ética de esa convicción--  en su reciente mitin en Le Bourget. Es más, ha prometido que para “controlar las finanzas” aprobará una nueva ley que obligará a los bancos “a separar sus negocios de especulación y crédito” y “prohibirá pura y simplemente los productos financieros sin relación con las necesidades de la economía real”. La norma establecerá un marco legal para las opciones por acciones y los bonus en los salarios de los directivos de las compañías financieras. Veamos como queda este Juramento de Santa Gadea: tiempo al tiempo. Ahora bien, algo similar, por ejemplo, podría acordarse en el próximo congreso del PSOE.

Este no es el momento para situar un proyecto alternativo porque desbordaríamos el carácter de este debate y, sobre todo, porque el tiempo de intervención no lo permite. Pero, a falta de ello, me parece conveniente proponer unos prerrequisitos para encarar con aproximada solvencia enfrentarse a lo que está sucediendo.

De un lado, estimo que las izquierdas deben abrir un nuevo capítulo y, de otro lado, también los movimientos sociales –empezando por el sindicalismo confederal--  reflexionar atentamente de qué manera encarar la situación.

A mi juicio, las izquierdas políticas deberían plantearse unos elementos mínimos de visible unidad de acción. No se está planteando el desdibujamiento de la identidad de unos y otros, sino simplemente la procura de un mínimo común denominador, verificado de tiempo en tiempo. Esto es, saber qué zonas de intersección, por mínimas que sean, comparten. Sin ir más lejos: a) en el terreno de la reforma de la política y su vinculación con la regeneración de la democracia, b) la revaloración social del trabajo.  Se trataría de un acercamiento de las izquierdas, enterrando la fatídica sentencia medieval mors tua vita mea.  Que traducido libremente viene a decir: tu derrota es mi triunfo. También, como se ha dicho, es el momento de los movimientos sociales como elementos de acción colectiva comprometida cotidianamente en la solución de una serie de problemas generales y particulares. Y, ¿por qué no?, es el momento de discernir hasta qué punto las izquierdas políticas y los movimientos pueden, a su vez, compartir diversamente una serie de planteamientos de regeneración de la democracia. 

Desde ahí, me permito indicar, sintéticamente, otro prerrequisito: que todo lo que se mueve en el escenario político y social salga definitavemente de su particular autarquía y ensimismamiento en el Estado-nación y ser –programática y organizativamente— sujeto activamente global. La actual personalidad de todo lo que se mueve es tendencialmente irrelevante para encarar los enormes desafíos de nuestros días.

Como diría aquel, tenemos un problema: el neoliberalismo tiene un proyecto no contingente, sino inmanente mientras que las izquierdas vamos a salto de mata. Si el sistema-business, según François Holland, es quien gobierna parece claro que los grandes perjudicados son quienes no están en la órbita, directamente o como clientes, de esa ética. La pregunta es: ¿es posible enfrentarse a esa situación en forma de desordenado tropel? Yo creo que no. Es más, yendo en tropel nos alejamos de la afirmación de Handke: los irresponsables están en vías de extinción, y nos acercaríamos desgraciadamente a lo que dijo Federico Caffé, a saber, los irresponsables tienen los siglos contados.    


 (*) Finalmente no pude asistir a este debate.