domingo, 31 de julio de 2011

EL "YOISMO" EN LA POLÍTICA


Estoy seguro que a nadie le ha pasado desapercibido esa manera de hablar --¿podríamos calificarla de yoísmo?— que se ha apoderado del lenguaje de la política. Por ejemplo, Rubalcaba: 'En este momento, el líder del PSOE soy yo'. [Cosa curiosa, por otra parte, pues hasta donde dicen los últimos acuerdos congresuales el primer dirigente de dicho partido es JLRZ. Así pues, entiendo como estrafalaria la tosca distinción que se hizo en su día entre el secretario general y el llamado líder social]. Es el yoísmo.


Este yoísmo ha impregnado de tal manera la política (incluída la real o sedicente de izquierdas) en un tópico que usa a destajo cualquier dirigente, con mucho, poco o regular mando en plaza, a la primera ocasión que salta. Una fatuidad que recuerda el tipo de celebración de los goles en los partidos de fútbol: cuando marca Fulano o Zutano salen disparados, casi enloquecidos, y aspavientosamente gesticulan diciendo: yo, yo he sido, he sido yo. Los demás aparecen como gregarios o, más bien, fámulos de quien ha hecho el gol, aunque se lo hayan dado en bandeja.


El yoísmo político es la autoexaltación personal relativamente reciente, esto es, al margen de los valores y la sintaxis republicanos. Ni siquiera 
Miterrand, que nació deleberadamente en Jamac pudiendo haberlo hecho en París, hablaba de esa manera. De esa guisa el yoísmo estructura conscientemente la distancia entre el personaje de marras y el resto de su organización. Pero, como cada quisqui (o quisque) imita a su señor, el yoísmo ha acabado articulando un léxico de arriba hacia abajo. Un lenguaje que está referido al estilo de gobernar (dirigir parece ser otra cosa) el patio de vecindones de cada partido o partida, de cada hermandad o cofradía de la política. Es, además, la traslación de lo que se conoció antaño como alcaldada y que hogaño conserva no pocas de sus esencias.

Vale la pena, en ese sentido, leer lo que uno de los padres nobles de la izquierda europea, el maestro 
Vittorio Foa escribió al respecto en su libro, escrito con noventa y tantos años: Las palabras de la política, que figura en ese link para cuando lo crea menester.


jueves, 28 de julio de 2011

EL CRIMEN FUE EN GRANADA


26 de Julio de 2011 (Trasladado de Metiendo bulla)


El crimen fue en Granada, ¡en su Granada!, dijo don Antonio Machado en aquel verso famoso al enterarse del asesinato de García Lorca por un pelotón fascista. El crimen fue en Granada: cerca de cuatro mil personas fueron fusiladas por pelotones del ejército de Franco ante la tapia del Cementerio. Hace setenta y cinco años. Y, de nuevo, quince lustros después, el crimen fue en Granada: el equipo de gobierno del Ayuntamiento de la ciudad de don Mateo Lisón-Biedma Mariana Pineda, de Ramón Lamoneda y Federico ordena fascistizadamente quitar la placa de la tapia del Cementario que recuerda la masacre. Empero, mantiene un monolito que, en pleno centro de la ciudad, se alza: el del señorito José Antonio. Desgraciada la rama de hoy que ha salido de ese tronco de ayer: los fascistas de hogaño, descendientes de la camada del tétrico capitán Nestares. Por supuesto, se trata de intentar borrar la memoria. Pero, sabiendo que es imposible, los nietos lo que en el fondo nos están diciendo es: estos son nuestros poderes.


El crimen ha vuelto a ser en Granada a pocos días de la masacre en Noruega. [Sépase lo que nos dice 
Luis Recuenco, profesor de la Universidad Pompeu Fabra al respecto: “Eirik Vold, periodista noruego castellano parlante, me envía un mensaje para avisarme del alcance político del atentado noruego. Me cuenta que los jóvenes laboristas masacrados en la isla de Utoeya habían celebrado el pasado 18 de julio un acto de recuerdo de la guerra civil española, rindiendo homenaje a cuatro brigadistas internacionales noruegos”]. Dos crímenes, pues, el de Granada, a través del bastón de mando; el noruego, igual que las metralletas de los masivos asesinatos granadinos. Los dos con la aproximada intención de apropiarse del presente y administrar el futuro a golpe de látigo. Aclaro, no es principalmente la rabia que siento, como granadino y ciudadano del mundo, lo que me lleva a hablar de esta manera: es la cabeza que serenamente está en su lugar.


Este crimen del bastón de mando no es un asunto granadino. Es de todo el mundo. Todos debemos reaccionar enviando a ese infame equipo de ediles nuestra masiva, enérgica protesta. No hay tintas medias en este asunto. Las víctimas de ayer necesitan una reparación. Me imagino la amargura de don
Gabriel Fernández Valladares, un octogenario que tenía seis años cuando fusilaron a su padre, el concejal socialista Juan Fernández Rosillo, asesinado el 7 de agosto de 1936. "Llevo 75 años esperando que se dignifique el lugar y ni siquiera permiten una placa en memoria de los que asesinaron”. Un anciano que reclama –una propuesta que debemos apoyar todos-- que el próximo 2 de agosto, el Gobierno andaluz declare por fin la tapia del cementerio como lugar de memoria histórica. El presidente Griñán debe responder con urgencia. Que lo haga dependerá de su voluntad política, de su sentido del humanismo… y de la presión sostenida de todas las personas que se sientan concernidas.


domingo, 24 de julio de 2011

BRUNO TRENTIN, NUESTRO AMIGO

por Riccardo Terzi

Hace menos de dos años estuve con Bruno Trentin en Barcelona. Se presentaba una antología de sus escritos en lengua catalana con un ensayo lúcido y apasionado de José Luis López Bulla, un antiguo dirigente de Comisiones Obreras. Es el último recuerdo que tengo de Trentin; el episodio me parece indicativo porque pude comprobar directamente el prestigio y la consideración que él tenía en el plano internacional, siendo un punto de referencia muy importante no sólo para el movimiento sindical sino para toda la cultura de la izquierda europea (1).

Quizás no nos hayamos dado suficiente cuenta, atrapados en nuestras pequeñas disputas provincianas, del gran patrimonio que ha representado en la historia del sindicalismo italiano –de la Cgil en primer lugar— y de la extraordinaria influencia que dicha historia ha tenido en la arena internacional. Esta fuerza de atracción viene del hecho que el sindicalismo italiano se ha desarrollado en una dimensión no corporativa, con una potente ambición política y de proyecto, sabiendo generar –en esa perspectiva— un grupo dirigente, único en el panorama mundial, por sus excepcionales cualidades intelectuales y culturales. Con este perfil, Trentin es la figura más emblemática porque en él se funden, en una relación muy convincente, la calidad del intelectual y la del dirigente sindical, del hombre de pensamiento y del hombre de acción. Una síntesis que ya no es frecuente y que está convirtiéndose en una rara mercancía en este mundo poblado de teóricos abstractos y pragmáticos sin pensamiento, para los que pensar y actuar son dos facultades que tienen una relación de oposición. Sin embargo, esta ruptura es el drama de nuestro tiempo: por un lado, un saber que sólo es académico; por otra parte, el cinismo de un poder como fin en si mismo.

Trentin no se resignó a esta separación sino que siempre intentó, con un tenaz puntillismo, poner en comunicación estos dos mundos –el hacer y el pensar— impidiendo la escisión que produce, al mismo tiempo, la esterilidad del pensamiento y la irrelevancia de la acción. Pero este trabajo de unificación, incluso por la fuerza material de los procesos reales que empujan en otra dirección, es extremadamente fatigoso, contradictorio y debe reemprenderse constantemente, uniendo los trozos de una realidad cada vez más disgregada.

Recuerdo que Trentin denunció muchas veces, en la misma praxis sindical de la Cgil, una desviación entre el decir y el hacer, entre las posiciones de principio declaradas y la gestión concreta de las políticas contractuales, que acababa con frecuencia por guiarse sólo por las conveniencias de algunos segmentos del mundo del trabajo o por un cálculo contingente de las relaciones de fuerza. Pienso, por ejemplo, en los convenios que fijan una doble escala contractual más ventajosa para los trabajadores con más antigüedad y menos favorable para los futuros, rompiéndose la solidaridad de clase y donde sólo existe la defensa corporativa de los intereses más protegidos y tutelados. (Y continúa en
http://theparapanda.blogspot.com/2007/10/bruno-trentin-visto-por-riccardo-terzi.html



Roma, 8 de Octubre de 2010

viernes, 1 de julio de 2011

LA BARCELONA "AZUL" EN LA CATALUNYA FRANQUISTA


Javier Tébar Hurtado
Barcelona anys blaus. El governador Correa Veglison: poder i política franquistes (1940-1945). Flor del Vent. Barcelona, 2011. 444 pp. PVP 24 €.


La historia de una vida se nos puede presentar en sí misma como inagotable. Planteada como aproximación, requiere ir más allá de la idea que su protagonista tiene y nos ofrece de sí mismo. Incluso, de las versiones ofrecidas por los testimonios de sus coetáneos. Pero ello no significa menospreciar estos materiales que necesariamente deben pasar por el cedazo del análisis metódico y la crítica de las fuentes propias del historiador, con el propósito de conferirles un significado y ofreciéndose una explicación”. Javier Tébar propone esa explicación a partir de la indagación biográfica de un militar y político, el gobernador de Barcelona, Antonio Correa Veglison. Podría pensarse, como advierte al lector el propio Tébar, que aquellas dos condiciones, militar y político, son propias de la clásica biografía de la persona importante –por supuesto, hombre- cuyas acciones son decisivas en la Historia. La lectura, desde buen principio, ya nos indica que nada está más lejos de este juicio apresurado que uno puede sospechar inicialmente.


En esta ocasión, estamos ante una biografía “atípica”, si se quiere decir así; o, en todo caso, y para ser más rigurosos, estamos ante un ensayo del modelo de biografía “contextualizada” propuesto en el campo del género biográfico por nuestra historiografía. En realidad, es lo contrario de la típica propuesta de “Fulanito y su época”, en todo caso, podría decirse que se alteran los factores y también el resultado, al plantear dar cuenta de la “La época” como primer valor y de “Fulanito” como hilo conductor útil para ofrecer el fresco social de una época. No es en cualquier caso, la exposición de una trayectoria vital y lineal entre la “cuna y la tumba”. Según el autor, en esta ocasión “(…) la vida del personaje –o como mínimo una parte de esta- se presenta como metáfora y el tema son las forma de poder con las cuales se implantaría la dictadura del general Franco en la sociedad española. O dicho de otra forma, el personaje es la expresión personificada de estas formas de poder. Este es el problema central que acota y unifica el desorden que, en principio, nos ofrece un espacio y un tiempo, la Barcelona de los años azules”.


Aquellos son los años durante los cuales la dictadura nacía de la Guerra Civil española todavía no estaba consolidada, experimentaba tensiones internas; sus autoridades apostaban pronto por el “Nuevo Orden” encarnado por el nazismo en Alemania y por el fascismo en Italia; y, finalmente, gravitaban sobre el futuro del “Nuevo Régimen” las incertidumbres y el desenlace de una guerra europea que pronto tendría una dimensión mundial.


Todo ello, hace que este sea un estudio del Régimen enfocado hacia arriba, hacia el poder político y económico, pero que no deja de lado las actitudes y las acciones de los de abajo. Por el contrario, las tiene bien presentes, por ejemplo, cuando analiza las brutales condiciones de vida en que se encuentra una parte importantísima de la población barcelonesa. Al mismo tiempo, muestra los mecanismos de corrupción económica imperantes en aquellos años, con ramificaciones extensas, formando el nudo donde se entrelazan los poderes políticos y los poderes sociales; pero también sus dinámicas y contradicciones. La Barcelona dels anys blaus es también, y principalmente, el escenario urbano de los comportamientos individuales recriminables y de la embrutecedora atmósfera moral de la Dictadura, donde se expresaron las retóricas políticas de las personas que ejercieron el poder; de manera principal las del gobernador Antonio Correa Veglison que hizo uso del “populismo” y obtuvo “popularidad” –que no es lo mismo que “legitimidad”- entre ciertos sectores de la población, especialmente entre los adeptos al régimen, con el objetivo de imponer una determinada idea sobre España y sobre Cataluña.


Como es natural, el libro aborda las relaciones entre el falangismo y el resto de los aparatos de la dictadura, los vínculos entre Correa y la llamada elites barcelonesa –especialmente la que bordó en rojo ayer-- particularmente en todo lo relativo al sector de los negocios. Historia pura que viene acompañada por una panorámica antropológica que puede abrir nuevas investigaciones sobre aquellos años de hierro.


Así pues, todo indica que este nuevo libro representa ya la consolidación de la madurez de Javier Tébar. Que, desde hace ya un tiempo, se ha convertido en un clásico de la historiografía de nuestros tiempos. Ahora lo que conviene es que el editor entienda que es necesaria una versión de dicho libro en lengua castellana. Para los estudiosos en la materia es imprescindible y para el editor, todo hay que decirlo, se trataría de un buen negocio.


Oigan la opinión (siempre docta) de Lluis Permanyer sobre esta investigación que estamos comentando: 
http://www.elpais.com/audios/cultura/Passeig/per/Barcelona/amb/Lluis/Permanyer/dimarts/21/juny/elpaud/20110621csrcsrcul_29/Aes/

martes, 28 de junio de 2011

HA SALIDO LA GACETA SINDICAL

Nota introductoria. Ya está en la calle el nuevo número de la Gaceta Sindical, la importante revista de Comisiones Obreras y, sin lugar a dudas, una de las más decisivas del sindicalismo europeo. Este nuevo número trata, según reza su título, de “sindicalismo, trabajo y democracia”, una tríada lo suficientemente llamativa como para leerla sosegadamente. Es más, tengo la intuición de que el representativo elenco de aportaciones insinúa los trazos gruesos de por dónde debe ir la acción colectiva organizada del movimiento de trabajadores: un movimiento que viene de muy atrás y que proyecta su acción para el presente y futuro.


Primero. Los cambios gigantescos que, desde el ecocentro de trabajo hasta el conjunto de la economía, de un lado; y, de otro, las discontinuidades que se han producido en los últimos meses –esto es, las putativas reformas laborales-- exigen, en mi parecer, que gradualmente el sindicalismo empiece a poner en marcha un gran proyecto de autorreforma. Entiendo que, en el referido número de la Gaceta, hay suficientes pistas para meterse en harina. Y, más en concreto, en la dirección que Toxo apuntaba en el discurso de clausura del último Congreso confederal de Comisiones Obreras.


Tres son los aspectos centrales que Toxo dejó sentado en aquel momento: 1) abordar la reforma de la representación del sindicalismo, 2) su afirmación de que “Ugt es algo más que un aliado” y, 3) la necesidad de que nuestro país se abriera un proceso de regeneración moral. Tres elementos que, a lo largo, de su mandato Toxo ha ido indicando de manera recurrente. Pero hay algo más: algunas de estas cuestiones las que han pasado, en las últimas semanas, a primer plano con los planteamientos del Movimiento 15 de Mayo. Poco importa ahora si el mensaje de Toxo ha calado en los acampados o bien este movimiento ha llegado a esas consideraciones –me refiero a la representación política y social y a la regeneración— por su cuenta. Eso ahora es lo de menos, lo que vale es que ambas demandas están, cada una por su lado y, de momento, sin confluencia explícita entre ellas, en la plaza pública. En todo caso, nadie puede ignorar que, desde hace (por lo menos) dos años, esa es una de las insignias de Comisiones Obreras: una organización que, como el conjunto del sindicalismo confederal, considera que su carácter contractual no es discrecional.


La reforma de la representación parte, creo yo, de algunas consideraciones que siguen siendo, no obstante, tradicionales (o, por mejor decir, clásicas): el sindicalismo no es –o no debería ser-- una mera asociación de afiliados, sino una organización de los componentes del trabajo asalariado, en todas sus tipologías y categorías. De ahí que, en lo que atañe a Comisiones Obreras, siempre ha considerado fundamental, con sus altos y sus bajos, que la relación con los trabajadores es un elemento distintivo de su constitución material. Lo que es más necesario que nunca dada la centralidad y la relegitimación de la empresa capitalista. Por eso –y otras razones que desbordarían el marco de este ejercicio de redacción— sostengo la necesidad de abordar urgentemente el problema de la representación dentro y fuera de los centros de trabajo. Urgentemente no quiere decir a locas, por supuesto. Una nueva representación capaz de conquistar los instrumentos cognitivos necesarios con la idea de acrecentar los derechos, instrumentos y poderes, de los trabajadores (junto a nuevas parcelas de ius-sindicalismo) en esta fase de innovación-reestructuración de los aparatos productivos y de servicios. De la economía toda. Y de esa manera despejar las paradojas que existen en la fase actual. De un lado, el sindicalismo es el colectivo que encuadra al mayor número de afiliados; de otro lado, a pesar de ello (y, en ocasiones, precisamente por ello) concita –no conviene esconderlo-- bolsas no irrelevantes de hostilidad. Tal vez, la madre del cordero está en que el sindicalismo que es eficaz en la tutela de la persona que trabaja, no es lo suficientemente eficaz en la transformación de las condiciones de trabajo. De modo que en ese binomio asimétrico de la “tutela-transformación” podría intervenir de manera más fecunda la nueva representación sindical, no como condición suficiente, aunque sí necesaria. Por supuesto, como hipótesis.


Segundo.


De las propuestas de Toxo acerca de la regeneración moral entiendo que ello sugiere una lectura emancipatoria de la democracia. De esta democracia envejecida porque no ha sabido (ni querido) ponerse al día tras los ataques de sus, en palabras de Alain Minc, zonas grises. Porque se ha enrocado en las oligarquías, viejas y nuevas, de la política instalada. Ahora bien, el planteamiento de la regeneración moral “de los demás” conllevaría la necesidad de proceder a amplias autorreformas en nuestra casa. Pero no insisto en ello porque algo he dicho en otras ocasiones al respecto.


Punto final. De una u otra forma esto es lo que he intentado relatar en mi trabajo, publicado por Gaceta, que la persona curiosa tiene a su disposición en: 
NO TENGAIS MIEDO A LO NUEVO

lunes, 20 de junio de 2011

ELOGIO DE UN REFORMISTA, CARLES NAVALES


La noticia de la muerte de Carles Navales nos ha dejado anonadados a sus amigos. Lo ha sido, en mi caso, particular por muchas razones: la más íntima es que el jueves mismo teníamos una comida apalabrada junto con nuestro buen amigo Manuel Gómez Acosta, una costumbre que, desde hace años, cumplíamos a rajatabla cada quince días. La otra razón es el compromiso que juntos hemos tenido desde mediados de los setenta por las libertades sindicales y democráticas. Y, finalmente, la cantidad de artículos que firmamos conjuntamente en la sección de Cataluña de El País.


Carles Navales, muy jovencísimo, fue el principal dirigente sindical de las luchas obreras del Baix Llobregat y, ya en libertad, el primer secretario general de CC.OO. de dicha comarca. Su talante negociador fue la principal característica de este singular reformista y, en gran medida, ésta fue la cultura que hizo impregnar al sindicalismo bajollobregatense. Recuerdo su temple en la acción colectiva, en las mesas de negociaciones y su pedagogía siempre al servicio de la unidad sindical.


Nuestro amigo fue, ante todo, el paradigma del trabajador catalán culto, sofisticado. Capaz de estar atento a las grandes transformaciones del trabajo y la sociedad a través de sus potentes conexiones con la fábrica y la cultura. Desde sus diversos puestos de responsabilidad impulsó iniciativas tan diversas como el teatro y el circo (fue uno de los más importantes promotores del Circo en Cornellà y en el Festival Internacional de Albacete), del cante jondo y del jazz, amante también del cine. Desde hace años dirigía la revista de pensamiento La factoría (primero en formato tradicional, después en digital) en la que escribieron plumas tan prestigiosas como Bruno Trentin, Jack Lang, Felipe González, Santiago Carrillo, Pietro Ingrao, Manuel Castells, Jordi Pujol y un largo etcétera. Una revista plural que se vanagloriaba de contar con un millón de visitas al año.


Me es imposible dar una breve reseña de los personajes que frecuentó: Tete Montoliú y el Gato Pérez, La Niña de la Puebla y Pepe Isbert, Genís Matabosch y Salvador Távora, amén de los principales dirigentes políticos de la transición española y catalana. Todo ello le propiciaba un conocimiento de las grandes corrientes sociales y culturales de nuestro tiempo. Lo dicho, era un personaje singular. Que escribía y hablaba de una manera sencilla, coloquial sobre los temas más candentes. Por ejemplo, de los temas de la inmigración que dominaba profundamente desde su condición de mediador en múltiples conflictos de convivencia.


De hecho su capacidad de intermediación –primero en las lides sindicales y después en el mundo de los movimientos migratorios-- fue de primer orden. Fue un buscador de consensos amplios que se tradujeron en utilidades para los sujetos a quienes representaba. Lo hacía desde su concepción de la izquierda tranquila, casi a modo de los fabianos ingleses. Y siempre con un suficiente punto de vista fundamentado, sin ninguna concesión a la galería.


Ha muerto con 58 años. A una edad tan temprana como lo fueron sus primeros andares en el sindicalismo y en la política.



He aquí el texto de la Oración Fúnebre que pronunció Manuel Gómez Acosta en el funeral de Carles Navales el domingo pasado en el Tanatorio de Cornellà de Llobregat.




Jueves 16 de junio a las cinco de la tarde…, después de una mañana de desasosiego y angustia, la voz de Gabriel con entereza pero con perceptible temblor, me sorprende y al mismo tiempo me confirma la sospecha que había temido, es como si un sexto sentido me hubiese transmitido la noticia que nunca hubiese querido escuchar: Carles ha mort


Cuarenta ocho horas después de la hora fatídica, se agolpan de forma desordenada en mi corazón, cerebro, hígado, sensaciones, sentimientos acerca de mi amigo Carles, el meu amic...


Recibo un e-mail de Arseni Gibert,”era inquiet, generós, sensible i honest, sovint sorprenentment brillant, a vegades poc pràctic..” , esto último lo hacía especialmente atractivo


José Luís López Bulla glosa su figura en “elogio de un reformista”, buscador y arquitecto de consensos, su capacidad de intermediación, su personalidad poliédrica y polifacética , su extraordinaria avidez por la generación y consumo de cultura con mayúscula, su profunda sensibilidad hacia los movimientos sociales, su rechazo a todo tipo de sectarismos,..


Añado de mi cosecha, su sonrisa perenne de niño travieso, su enorme inteligencia, su profundo sentido de la amistad, su cultura enciclopédica, su maravilloso mal genio, transgresor, rebelde, libre pensador, independiente y no partidista, demasiado inquieto para militar en organizaciones que recelan de los inquietos, solitario pero solidario, siempre me trató con la ternura de un hermano mayor, sentía como que me protegía, acudí siempre a él cuando no entendía qué estaba ocurriendo , ni como actuaban los “nuestros”, intentaba calmar mi perplejidad, ponía sabiduría a mi ingenuidad.


Precoz en todo, autor de cortometrajes, cineasta a los 16 años (su gran vocación frustrada), periodista y dirigente sindical a los 19 , a los 20 encarcelado, detenido y torturado durante la siniestra noche del franquismo, un verdadero quebradero de cabeza para ortodoxos de todo pelaje, iconoclasta transgresor, en ocasiones rebelde sin causa.


Hace exactamente un año , el 24 de junio del 2010, estando Carles y Gabriel en Sevilla, recibo una llamada de Carles entusiasmado, recuerdo su voz que transmitía entusiasmo y pasión, habían asistido y disfrutado en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la versión taurina de la Ópera Carmen , interpretada por la mítica compañía “la Cuadra” , dirigida por el maestro Salvador Távora, gran amigo de Carles.


Carles era un soñador empedernido, buscador de sueños , muñidor de quimeras y utopías, unas se han ido realizando, otras muchas no adquirirán corporeidad en nuestra generación, algunas harían sonreír a Carles si las alcanzáramos


Permitirme para terminar que de nuestros ágapes dialécticos compartidos con el Maestro López Bulla, así como de la apresurada lectura de su autobiografía titulada “hicimos lo que pudimos” (en memoria de Isabel Aunión , “La Negra”), que narra sus vivencias personales en el transcurso de la larga noche del franquismo, extraiga un deseo, un sueño y una esperanza

A quien corresponda:


· Su deseo de la continuidad de La Factoría , su gran pasión intelectual, “La Revista catalana de pensamiento social más leída en el mundo”, sus amigos necesitamos que este deseo no se diluya en el mar del olvido.


· Un sueño , que algún día nuestros sindicatos, CC.OO. y UGT , inicien el proceso de construcción de un edificio unitario, la “unidad sindical”, el “sindicalismo unitario”, fuerte, organizado, moderno, responsable, reformista, capaz de dar respuesta a los nuevos retos del XXI y a las necesidades de una clase en profundo proceso de transformación.


· Una esperanza…,enero del 39, las tropas facciosas invaden Catalunya y avanzan sobre Barcelona, el nostre President Lluis Companys inicia el camino del exilio y el destierro junto a miles de catalanes y españoles, en Madrid en el Puente de los Franceses , milicianos y milicianas madrileños resisten al fascismo cuando todo estaba perdido. Carles, narra en sus memorias que esperaba que algún día la Generalitat de Catalunya inaugurara una placa en el “Puente de los Franceses” que dijera : “ a los madrileños y madrileñas que dieron su vida en defensa de las libertades de Catalunya y de todos los pueblos de España”.


Perdonarme mi atrevimiento, pero sé que Carles me daría su aprobación…


Carles “noi del vidre” …, ¡que putada nos has hecho!, tendremos que seguir caminando, pero esta vez sin ti será mucho más duro, eres uno de los mejores, para mi sin duda el mejor, hagamos que tus sueños que son los nuestros , se hagan realidad algún día


¡VA POR TI, MAESTRO!

Radio Parapanda. Para Carles: Handel - Ombra mai fu - Jennifer Larmore



martes, 7 de junio de 2011

ROBAR LO JUSTO


La gente seria nos preguntamos los motivos del consenso electoral –un consenso de masas, se entiende-- que alcanzan los corruptos y, sobre todo, la cleptocracia. De ahí el sobrecogimiento ante los niveles de apoyo popular a la gurtelada, como expresión más llamativa de la Cantimpalo´s connection. Por otra parte, los politólogos y moralistas de diversas escuelas tampoco parece que hayan dado en la tecla después de tantísimos siglos de cleptocracia. [Se cuenta que Pericles fue acusado, no sabemos si con fundamento o no, de corrupto, aunque el ataque fue dirigido, a doña Aspasia de Mileto, la esposa del gobernante ateniense]. Un servidor tampoco sabe el por qué. De ahí que, leyendo esta mañana, un artículo de Alonso Cueto sobre las recientes elecciones peruanas –mis saludos al amigo Carlos Mejía (del Perú)-- haya caído en la cuenta de cómo entiende de estos asuntos la sancta simplicitas popular.


Refiere el mentado articulista que “Cuando le insistí [a una señora que estaba en la cola para votar, partidaria de la Fujimori] en que durante el Gobierno de Fujimori se había robado de un modo sistemático, la señora me dio una respuesta similar a la que escuchó el escritor Jorge Eduardo Benavides de un taxista limeño hace unos meses: "Es verdad que Fujimori robó, pero robó lo justo". En cualquier caso, nada dijo la mujer acerca de la línea divisoria entre lo justo y lo injusto. Pero nuestra reflexión no va por esas veredas peruanas, que junto a las chilenas, fueron definidas por don Luís de Góngora como el occidente del occidente. La cosa va por la relación entre el robar lo justo aquí, en el oriente del occidente, según el apotegma de la dama peruana. O, para ser más preciso, entre el robar lo justo y la gurtelada de los cuatro puntos cardinales españoles.


Si estableciéramos una ecuación entre robar lo justo en Perú con relación al producto interior bruto de aquel país, de un lado, y el robo justo hispano con nuestro producto interior bruto, tal vez tendríamos la respuesta al consenso de masas de la cleptocracia española, siempre según los parámetros de la señora limeña. Se trataría de utilizar la conocida 
Teoria de límites en Matemáticas, esto es, un robo justo que no tiene confines.


Ahora bien, parece que hay dos condiciones para el robo justo: uno, no debe ser pequeño; otro, debe tener una ratio determinada con relación al producto interior bruto. Que no debe ser pequeño (ni mucho menos minúsculo) lo demuestra la larga condena que le pusieron a 
Eleuterio Sánchez (el Lute) por agenciarse un par de gallinas en corral ajeno y no ser cargo electo. Que tampoco debe ser astronómico, siempre con relación al producto interior bruto, es comprensible: siempre hay que dejar la pedrea para otros alharaquientos del parné. Esto es, hay que dejar unos determinados cachos para que otros mojen en esa salsa verde de los billetes verdes. O lo que es lo mismo, no puede haber un monopolio del robo porque ello concitaría temibles adversarios; debe existir un ordenado y pactado oligopolio. Un oligopolio en movimiento, como dando a entender que siempre hay, real o aparentemente, una posibilidad de que cualquier hijo de vecino pueda untar y ser untado. O sea, se vota a los corruptos porque ofrecen la oportunidad de que siga la rueda de la fortuna. Algo que no tuvo en cuenta Epicuro cuando decía por Atenas: “ser rico no supone alivio, sino cambio de problemas”