martes, 28 de junio de 2011

HA SALIDO LA GACETA SINDICAL

Nota introductoria. Ya está en la calle el nuevo número de la Gaceta Sindical, la importante revista de Comisiones Obreras y, sin lugar a dudas, una de las más decisivas del sindicalismo europeo. Este nuevo número trata, según reza su título, de “sindicalismo, trabajo y democracia”, una tríada lo suficientemente llamativa como para leerla sosegadamente. Es más, tengo la intuición de que el representativo elenco de aportaciones insinúa los trazos gruesos de por dónde debe ir la acción colectiva organizada del movimiento de trabajadores: un movimiento que viene de muy atrás y que proyecta su acción para el presente y futuro.


Primero. Los cambios gigantescos que, desde el ecocentro de trabajo hasta el conjunto de la economía, de un lado; y, de otro, las discontinuidades que se han producido en los últimos meses –esto es, las putativas reformas laborales-- exigen, en mi parecer, que gradualmente el sindicalismo empiece a poner en marcha un gran proyecto de autorreforma. Entiendo que, en el referido número de la Gaceta, hay suficientes pistas para meterse en harina. Y, más en concreto, en la dirección que Toxo apuntaba en el discurso de clausura del último Congreso confederal de Comisiones Obreras.


Tres son los aspectos centrales que Toxo dejó sentado en aquel momento: 1) abordar la reforma de la representación del sindicalismo, 2) su afirmación de que “Ugt es algo más que un aliado” y, 3) la necesidad de que nuestro país se abriera un proceso de regeneración moral. Tres elementos que, a lo largo, de su mandato Toxo ha ido indicando de manera recurrente. Pero hay algo más: algunas de estas cuestiones las que han pasado, en las últimas semanas, a primer plano con los planteamientos del Movimiento 15 de Mayo. Poco importa ahora si el mensaje de Toxo ha calado en los acampados o bien este movimiento ha llegado a esas consideraciones –me refiero a la representación política y social y a la regeneración— por su cuenta. Eso ahora es lo de menos, lo que vale es que ambas demandas están, cada una por su lado y, de momento, sin confluencia explícita entre ellas, en la plaza pública. En todo caso, nadie puede ignorar que, desde hace (por lo menos) dos años, esa es una de las insignias de Comisiones Obreras: una organización que, como el conjunto del sindicalismo confederal, considera que su carácter contractual no es discrecional.


La reforma de la representación parte, creo yo, de algunas consideraciones que siguen siendo, no obstante, tradicionales (o, por mejor decir, clásicas): el sindicalismo no es –o no debería ser-- una mera asociación de afiliados, sino una organización de los componentes del trabajo asalariado, en todas sus tipologías y categorías. De ahí que, en lo que atañe a Comisiones Obreras, siempre ha considerado fundamental, con sus altos y sus bajos, que la relación con los trabajadores es un elemento distintivo de su constitución material. Lo que es más necesario que nunca dada la centralidad y la relegitimación de la empresa capitalista. Por eso –y otras razones que desbordarían el marco de este ejercicio de redacción— sostengo la necesidad de abordar urgentemente el problema de la representación dentro y fuera de los centros de trabajo. Urgentemente no quiere decir a locas, por supuesto. Una nueva representación capaz de conquistar los instrumentos cognitivos necesarios con la idea de acrecentar los derechos, instrumentos y poderes, de los trabajadores (junto a nuevas parcelas de ius-sindicalismo) en esta fase de innovación-reestructuración de los aparatos productivos y de servicios. De la economía toda. Y de esa manera despejar las paradojas que existen en la fase actual. De un lado, el sindicalismo es el colectivo que encuadra al mayor número de afiliados; de otro lado, a pesar de ello (y, en ocasiones, precisamente por ello) concita –no conviene esconderlo-- bolsas no irrelevantes de hostilidad. Tal vez, la madre del cordero está en que el sindicalismo que es eficaz en la tutela de la persona que trabaja, no es lo suficientemente eficaz en la transformación de las condiciones de trabajo. De modo que en ese binomio asimétrico de la “tutela-transformación” podría intervenir de manera más fecunda la nueva representación sindical, no como condición suficiente, aunque sí necesaria. Por supuesto, como hipótesis.


Segundo.


De las propuestas de Toxo acerca de la regeneración moral entiendo que ello sugiere una lectura emancipatoria de la democracia. De esta democracia envejecida porque no ha sabido (ni querido) ponerse al día tras los ataques de sus, en palabras de Alain Minc, zonas grises. Porque se ha enrocado en las oligarquías, viejas y nuevas, de la política instalada. Ahora bien, el planteamiento de la regeneración moral “de los demás” conllevaría la necesidad de proceder a amplias autorreformas en nuestra casa. Pero no insisto en ello porque algo he dicho en otras ocasiones al respecto.


Punto final. De una u otra forma esto es lo que he intentado relatar en mi trabajo, publicado por Gaceta, que la persona curiosa tiene a su disposición en: 
NO TENGAIS MIEDO A LO NUEVO

lunes, 20 de junio de 2011

ELOGIO DE UN REFORMISTA, CARLES NAVALES


La noticia de la muerte de Carles Navales nos ha dejado anonadados a sus amigos. Lo ha sido, en mi caso, particular por muchas razones: la más íntima es que el jueves mismo teníamos una comida apalabrada junto con nuestro buen amigo Manuel Gómez Acosta, una costumbre que, desde hace años, cumplíamos a rajatabla cada quince días. La otra razón es el compromiso que juntos hemos tenido desde mediados de los setenta por las libertades sindicales y democráticas. Y, finalmente, la cantidad de artículos que firmamos conjuntamente en la sección de Cataluña de El País.


Carles Navales, muy jovencísimo, fue el principal dirigente sindical de las luchas obreras del Baix Llobregat y, ya en libertad, el primer secretario general de CC.OO. de dicha comarca. Su talante negociador fue la principal característica de este singular reformista y, en gran medida, ésta fue la cultura que hizo impregnar al sindicalismo bajollobregatense. Recuerdo su temple en la acción colectiva, en las mesas de negociaciones y su pedagogía siempre al servicio de la unidad sindical.


Nuestro amigo fue, ante todo, el paradigma del trabajador catalán culto, sofisticado. Capaz de estar atento a las grandes transformaciones del trabajo y la sociedad a través de sus potentes conexiones con la fábrica y la cultura. Desde sus diversos puestos de responsabilidad impulsó iniciativas tan diversas como el teatro y el circo (fue uno de los más importantes promotores del Circo en Cornellà y en el Festival Internacional de Albacete), del cante jondo y del jazz, amante también del cine. Desde hace años dirigía la revista de pensamiento La factoría (primero en formato tradicional, después en digital) en la que escribieron plumas tan prestigiosas como Bruno Trentin, Jack Lang, Felipe González, Santiago Carrillo, Pietro Ingrao, Manuel Castells, Jordi Pujol y un largo etcétera. Una revista plural que se vanagloriaba de contar con un millón de visitas al año.


Me es imposible dar una breve reseña de los personajes que frecuentó: Tete Montoliú y el Gato Pérez, La Niña de la Puebla y Pepe Isbert, Genís Matabosch y Salvador Távora, amén de los principales dirigentes políticos de la transición española y catalana. Todo ello le propiciaba un conocimiento de las grandes corrientes sociales y culturales de nuestro tiempo. Lo dicho, era un personaje singular. Que escribía y hablaba de una manera sencilla, coloquial sobre los temas más candentes. Por ejemplo, de los temas de la inmigración que dominaba profundamente desde su condición de mediador en múltiples conflictos de convivencia.


De hecho su capacidad de intermediación –primero en las lides sindicales y después en el mundo de los movimientos migratorios-- fue de primer orden. Fue un buscador de consensos amplios que se tradujeron en utilidades para los sujetos a quienes representaba. Lo hacía desde su concepción de la izquierda tranquila, casi a modo de los fabianos ingleses. Y siempre con un suficiente punto de vista fundamentado, sin ninguna concesión a la galería.


Ha muerto con 58 años. A una edad tan temprana como lo fueron sus primeros andares en el sindicalismo y en la política.



He aquí el texto de la Oración Fúnebre que pronunció Manuel Gómez Acosta en el funeral de Carles Navales el domingo pasado en el Tanatorio de Cornellà de Llobregat.




Jueves 16 de junio a las cinco de la tarde…, después de una mañana de desasosiego y angustia, la voz de Gabriel con entereza pero con perceptible temblor, me sorprende y al mismo tiempo me confirma la sospecha que había temido, es como si un sexto sentido me hubiese transmitido la noticia que nunca hubiese querido escuchar: Carles ha mort


Cuarenta ocho horas después de la hora fatídica, se agolpan de forma desordenada en mi corazón, cerebro, hígado, sensaciones, sentimientos acerca de mi amigo Carles, el meu amic...


Recibo un e-mail de Arseni Gibert,”era inquiet, generós, sensible i honest, sovint sorprenentment brillant, a vegades poc pràctic..” , esto último lo hacía especialmente atractivo


José Luís López Bulla glosa su figura en “elogio de un reformista”, buscador y arquitecto de consensos, su capacidad de intermediación, su personalidad poliédrica y polifacética , su extraordinaria avidez por la generación y consumo de cultura con mayúscula, su profunda sensibilidad hacia los movimientos sociales, su rechazo a todo tipo de sectarismos,..


Añado de mi cosecha, su sonrisa perenne de niño travieso, su enorme inteligencia, su profundo sentido de la amistad, su cultura enciclopédica, su maravilloso mal genio, transgresor, rebelde, libre pensador, independiente y no partidista, demasiado inquieto para militar en organizaciones que recelan de los inquietos, solitario pero solidario, siempre me trató con la ternura de un hermano mayor, sentía como que me protegía, acudí siempre a él cuando no entendía qué estaba ocurriendo , ni como actuaban los “nuestros”, intentaba calmar mi perplejidad, ponía sabiduría a mi ingenuidad.


Precoz en todo, autor de cortometrajes, cineasta a los 16 años (su gran vocación frustrada), periodista y dirigente sindical a los 19 , a los 20 encarcelado, detenido y torturado durante la siniestra noche del franquismo, un verdadero quebradero de cabeza para ortodoxos de todo pelaje, iconoclasta transgresor, en ocasiones rebelde sin causa.


Hace exactamente un año , el 24 de junio del 2010, estando Carles y Gabriel en Sevilla, recibo una llamada de Carles entusiasmado, recuerdo su voz que transmitía entusiasmo y pasión, habían asistido y disfrutado en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la versión taurina de la Ópera Carmen , interpretada por la mítica compañía “la Cuadra” , dirigida por el maestro Salvador Távora, gran amigo de Carles.


Carles era un soñador empedernido, buscador de sueños , muñidor de quimeras y utopías, unas se han ido realizando, otras muchas no adquirirán corporeidad en nuestra generación, algunas harían sonreír a Carles si las alcanzáramos


Permitirme para terminar que de nuestros ágapes dialécticos compartidos con el Maestro López Bulla, así como de la apresurada lectura de su autobiografía titulada “hicimos lo que pudimos” (en memoria de Isabel Aunión , “La Negra”), que narra sus vivencias personales en el transcurso de la larga noche del franquismo, extraiga un deseo, un sueño y una esperanza

A quien corresponda:


· Su deseo de la continuidad de La Factoría , su gran pasión intelectual, “La Revista catalana de pensamiento social más leída en el mundo”, sus amigos necesitamos que este deseo no se diluya en el mar del olvido.


· Un sueño , que algún día nuestros sindicatos, CC.OO. y UGT , inicien el proceso de construcción de un edificio unitario, la “unidad sindical”, el “sindicalismo unitario”, fuerte, organizado, moderno, responsable, reformista, capaz de dar respuesta a los nuevos retos del XXI y a las necesidades de una clase en profundo proceso de transformación.


· Una esperanza…,enero del 39, las tropas facciosas invaden Catalunya y avanzan sobre Barcelona, el nostre President Lluis Companys inicia el camino del exilio y el destierro junto a miles de catalanes y españoles, en Madrid en el Puente de los Franceses , milicianos y milicianas madrileños resisten al fascismo cuando todo estaba perdido. Carles, narra en sus memorias que esperaba que algún día la Generalitat de Catalunya inaugurara una placa en el “Puente de los Franceses” que dijera : “ a los madrileños y madrileñas que dieron su vida en defensa de las libertades de Catalunya y de todos los pueblos de España”.


Perdonarme mi atrevimiento, pero sé que Carles me daría su aprobación…


Carles “noi del vidre” …, ¡que putada nos has hecho!, tendremos que seguir caminando, pero esta vez sin ti será mucho más duro, eres uno de los mejores, para mi sin duda el mejor, hagamos que tus sueños que son los nuestros , se hagan realidad algún día


¡VA POR TI, MAESTRO!

Radio Parapanda. Para Carles: Handel - Ombra mai fu - Jennifer Larmore



martes, 7 de junio de 2011

ROBAR LO JUSTO


La gente seria nos preguntamos los motivos del consenso electoral –un consenso de masas, se entiende-- que alcanzan los corruptos y, sobre todo, la cleptocracia. De ahí el sobrecogimiento ante los niveles de apoyo popular a la gurtelada, como expresión más llamativa de la Cantimpalo´s connection. Por otra parte, los politólogos y moralistas de diversas escuelas tampoco parece que hayan dado en la tecla después de tantísimos siglos de cleptocracia. [Se cuenta que Pericles fue acusado, no sabemos si con fundamento o no, de corrupto, aunque el ataque fue dirigido, a doña Aspasia de Mileto, la esposa del gobernante ateniense]. Un servidor tampoco sabe el por qué. De ahí que, leyendo esta mañana, un artículo de Alonso Cueto sobre las recientes elecciones peruanas –mis saludos al amigo Carlos Mejía (del Perú)-- haya caído en la cuenta de cómo entiende de estos asuntos la sancta simplicitas popular.


Refiere el mentado articulista que “Cuando le insistí [a una señora que estaba en la cola para votar, partidaria de la Fujimori] en que durante el Gobierno de Fujimori se había robado de un modo sistemático, la señora me dio una respuesta similar a la que escuchó el escritor Jorge Eduardo Benavides de un taxista limeño hace unos meses: "Es verdad que Fujimori robó, pero robó lo justo". En cualquier caso, nada dijo la mujer acerca de la línea divisoria entre lo justo y lo injusto. Pero nuestra reflexión no va por esas veredas peruanas, que junto a las chilenas, fueron definidas por don Luís de Góngora como el occidente del occidente. La cosa va por la relación entre el robar lo justo aquí, en el oriente del occidente, según el apotegma de la dama peruana. O, para ser más preciso, entre el robar lo justo y la gurtelada de los cuatro puntos cardinales españoles.


Si estableciéramos una ecuación entre robar lo justo en Perú con relación al producto interior bruto de aquel país, de un lado, y el robo justo hispano con nuestro producto interior bruto, tal vez tendríamos la respuesta al consenso de masas de la cleptocracia española, siempre según los parámetros de la señora limeña. Se trataría de utilizar la conocida 
Teoria de límites en Matemáticas, esto es, un robo justo que no tiene confines.


Ahora bien, parece que hay dos condiciones para el robo justo: uno, no debe ser pequeño; otro, debe tener una ratio determinada con relación al producto interior bruto. Que no debe ser pequeño (ni mucho menos minúsculo) lo demuestra la larga condena que le pusieron a 
Eleuterio Sánchez (el Lute) por agenciarse un par de gallinas en corral ajeno y no ser cargo electo. Que tampoco debe ser astronómico, siempre con relación al producto interior bruto, es comprensible: siempre hay que dejar la pedrea para otros alharaquientos del parné. Esto es, hay que dejar unos determinados cachos para que otros mojen en esa salsa verde de los billetes verdes. O lo que es lo mismo, no puede haber un monopolio del robo porque ello concitaría temibles adversarios; debe existir un ordenado y pactado oligopolio. Un oligopolio en movimiento, como dando a entender que siempre hay, real o aparentemente, una posibilidad de que cualquier hijo de vecino pueda untar y ser untado. O sea, se vota a los corruptos porque ofrecen la oportunidad de que siga la rueda de la fortuna. Algo que no tuvo en cuenta Epicuro cuando decía por Atenas: “ser rico no supone alivio, sino cambio de problemas”

viernes, 27 de mayo de 2011

LA MULTINACIONAL CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA





El alto funcionariado de la iglesia católica, apostólica y vaticana (llamarla romana a estas alturas sería excesivo) está entrando de manera acelerada en un proceso de comportamiento exasperadamente grupuscular. Dos recientes, pero no únicos, ejemplos de ello serían los violentas discursos de dos mitrados: uno, el de Granada en : "Si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella", claramente reincidente; otro, Cañizares, 'ministro' del Papa, ve peor abortar que abusar de niños [Excusatio non petita accusatio manifesta, Cañizares] Las razones de esa actitud reiterada y orgánicamente montaraz, podrían ser varias, pero una de ellas –posiblemente la más significativa-- es la pérdida progresiva del poder que quisiera seguir teniendo en la sociedad. Por lo demás, tales actitudes vienen azuzadas por el grupo dirigente de la multinacional vaticana y de su primer manager, José Ratzinger, un anciano belicoso que hunde sus raíces culturales en toda una estirpe que viene de tiempos muy lejanos. De cuando en realidad tenía poderes materiales y un concreto mando en plaza. Naturalmente todavía son capaces de concitar importantes oleadas de masas en los actos que convocan de la misma manera que toda una serie de (banales) actividades civiles siguen teniendo un portentoso predicamento: sin ir más lejos, la compulsiva presencia de miles de personas que aguardan qué nuevo estropicio puede hacer Ratón, el toro asesino, las anuales tomatinas de la ciudad de Buñol y otras esperpencias patrias. Pero los intelectuales orgánicos de la multinacional vaticana saben hasta qué punto estos movimientos no son fisiológicos. La experiencia de Woytila, un potente comunicador de masas, se quedó en mero espectáculo y, tras él, los problemas de la empresa continúan: pasada la efervescencia, meramente gestual, las iglesias siguen vacías, la pirámide de edad del funcionariado eclesial agudiza su forma de prisma invertido y los seminarios están en llamativo horror vacui. Hasta las fiestas más solemnes se han desvirtuado, tal vez de manera irreversible, hacia un festival pagano: Navidades, que ha caído en manos del Corte Inglés, y Semana Santa, desde hace muchos lustros, está en poder del Gremio de Hostelería. Ahora bien, hay grupúsculos que han muerto o se van muriendo de manera lánguida. No es éste el caso de la multinacional vaticana: se ha echado al monte y, sin escrúpulos intelectuales o morales, llama –siguiendo los pasos redivivos del Partido Apostólico-- a la prelación de su ideología mercantil sobre y contra las normas de los ordenamientos jurídicos, incluida la Constitución: la revalorización del delito frente a los derechos civiles y políticos. Así las cosas, no tardará en aparecer el mensaje de Dieu lo volti (Dios lo quiere) que acuñaron los primeros cruzados cuando fueron al Campo del Moro a rebañar cabezas sarracenas. Marcel Gauchet (“La cuestión histórica”, Trotta 2007) dice que se ha operado la “salida de la religión”. Que, aclarada la metáfora, vendría a ser de esta forma: de un lado, la comunidad humana se define a partir de ella misma, de su propia alteridad; de otro lado, todo el ritual –como, un ejemplo más, el que está utilizando Herr Doktor Ratzinger en Madrid-- es la salida de la tradicional liturgia y su renovación en una morfología mercantil. En resumidas cuentas, esa “salida de la religión” ha substituido la anterior soberanía de Dios por la soberanía de la persona concreta, de carne y hueso. Lo contrario, la soberanía de Dios sólo promete la aparición y extensión de Jomeinis de diverso pelaje. De hecho el gran poder que ha perdido la Iglesia, a mi entender de manera definitiva, es lo que más le importó. Desde luego, mucho más que el monopolio del mensaje moral y de las creencias que eran el perifollo para despistar, la argamasa para construir la geometría del poder. Eso es lo que ha perdido: el monopolio de la mediación entre el dios creado a imagen de la iglesia católica, apostólica y vaticana y la sociedad. De ahí que la democracia nunca fuera un buen negocio para los sucesores de Bonifacio VIII, magistralmente retratado en el canto XXVII de la Divina Comedia donde Dante llama cloaca al Papa. De aquí que el constructo dogmático –precisamente por su invención gratuita y su inmutabilidad— choque abruptamente con la razón democrática que se caracteriza por su flexibilidad y relativismo itinerantes. En otras palabras, ya no es posible –por poner un ejemplo de los más graves—reeditar el gravísimo asunto de Pío IX ante el niño judío Edgardo Mortara y no sé cuántos más. En resumidas cuentas: la razón democrática ha derrotado a la humillación de Canosa. Eso no quiere decir que no hayan zonas grises, incluso de real o aparente acollonamiento del poder democrático ante la multinacional vaticana. Pero ahora los vínculos existentes son de mero compadrazgo, de sinergia de intereses mutuos, con algún chispazo, hábilmente controlado, por unos y por otros, vale decir, por la política y la empresa multinacional tan repetidamente mencionada. Lo que no impide que algunos de esos chispazos –los de Rouco y sus hermanos—puedan llegar a mayores en defensa de intereses corporativos, con el ánimo de sacar tajada. Pero la “salida de la religión” es un hecho evidente: tras los fastos ratzingerianos los demócrata-cristianos seguirán ejerciendo sus habilidades (reales o aparentes) de cintura para abajo, las iglesias seguirán vacías y, si se tercia, algunas sotanas seguirán tocando el culo o el pito de algún niño atemorizado. Apostilla. A lo largo de este ejercicio de redacción nunca he dicho que la multinacional vaticana no tenga poder. He afirmado –y, como Pereira, sostengo-- la pérdida del poder que quisiera seguir teniendo en la sociedad.

sábado, 14 de mayo de 2011

¿CUÁNTOS ERAN LOS MANIFESTANTES?

La manifestación barcelonesa de hoy contra los recortes sociales ha sido importante. Lo ha sido por el amplio abanico de fuerzas sociales coaligadas; por la valentía de plantear el desarrollo de la movilización que ha dado autonomía al conflicto social, al margen de los procesos electorales en curso; también por la alta participación de personal que ha concitado. ¿Éramos cuarenta y cinco mil como afirma el diario El País o la manifestación congregó a más personal? No lo sé. Pero lo que pude observar indica que mucha, mucha, mucha gente acudió a la convocatoria. Yo lo vi. Es más, soy del parecer que había unas cuantas decenas de miles más.


Y sin embargo hay medios oficiales –quiero decir, los responsables de algunos medios policiales (en este caso, de la Guardia municipal y de los Mossos d´Esquadra-- que tozudamente siempre fueron aficionados, también, a sus propios recortes a la hora de informar. Es un vicio que viene de tiempos inmemoriales, cuyo interés es minimalizar la presencia del conflicto en la calle. Entendámonos, de una calle que parece ser concebida como monopolio de tales medios oficiales. En mi opinión, ahí radica la intencionada cicatería. Más todavía, en esa interpretación hay un humus muy concreto: el conflicto en la calle es visto por esos medios oficiales como una anomalía; la calle es normal sólo y solamente cuando vamos cuatro y el cabo paseando. Ni qué decir tiene que eso conlleva un buen almacén de autoritarismo.


He dicho que esos comportamientos vienen de antaño. En mi época combatíamos esa cicatería exagerando conscientemente las cifras de los manifestantes. Y, a veces, nuestra desmesura era directamente proporcional a la cicatería autoritaria de los medios oficiales. De ese modo contribuimos a un método que: 1) escondía la real correlación de fuerzas, y 2) engañaba a nuestros parciales. Insisto, esa polución viene de mis tiempos; es, por lo tanto, un álgebra viciada que hemos dejado como herencia.


Cuando una organización –o un conjunto de ellas-- distorsiona las cifras debe tener en cuenta que al final hasta el mismo grupo dirigente acaba creyéndolas. Ello le indispone a tener un juicio cabal de cómo está el estado de ánimo general, qué elementos conviene corregir, qué mejorar en lo sucesivo. En resumidas cuentas, es un mal asunto que, además, contribuye a recrear espejismos.


Así pues, quien haya hablado de doscientas cincuenta mil no sabe lo que se trae entre manos. Una manifestación como la de de hoy en Barcelona no necesita exageraciones. Ha sido muy importante. Y eso lo saben precisamente sus adversarios.


Radio Parapanda
CHINA HOY - Estudio sobre relaciones laborales en China realizado por la Universidad del Pueblo de Pekín



Postdata. Ayer quedamos en dos cosas: una, la manifestación barcelonesa contra los recortes sociales fue, cuantitativamente, muy importante; otra, a partir de todos los datos (los reales y los inmateriales) la amplia coalición de sindicatos y asociaciones convocantes puede estar en buenas condiciones para seguir la presión.


También dijimos que en el proceso anterior se han dado una serie de elementos que convendría retener. De un lado, el diálogo que –en algunos casos por primera vez-- se ha dado entre unos y otros sujetos sociales; de otro lado, la capacidad de síntesis unitaria entre todo ese entramado societario. Digamos que, utilizando las categorías gramscianas, el carácter orgánico de esa acción colectiva ha sido expresamente la defensa de lo público, compartido ampliamente por las organizaciones protagonistas de la convocatoria. Un desafío que convendrá mantener y ampliar, porque pintan bastos, según todos los indicios, tras las próximas elecciones autonómicas y municipales.


En ese orden de cosas, parece que conviene que nadie se líe la manta a la cabeza. Esto es, que no se desvirtúe tal carácter orgánico: la defensa de lo público, expresada de manera unitaria. Y como se dice a menudo en Parapanda, la unidad se hace mientras que la división se justifica o teoriza. Lo que comportaría, de un lado, que las organizaciones mayoritarias no se excedan en unas formas de actuar que podrían justificar descuelgues y, de otro lado, que los grupos no tan mayoritarios entiendan que su papel, --sin ser subalterno, ni cola de león— no puede ser cabeza de ratón. Hablando en plata: la unidad, como agregación, es la condición, al menos necesaria –ya veremos si es suficiente— para abordar la ingente, compleja y necesaria batalla por lo público. Cosa que se complicará evidentemente en el terreno político dentro de una semana.


Los movimientos sociales están a la altura. Falta saber, ahora, en qué estado de ánimo se encontrará la izquierda mayoritaria después de sonar los claros clarines de los resultados electorales. Si no se dan por enterados, seguirán incapacitados para dar un giro copernicano; si entran en una fase de espíritu chuchurrío, sucederá tres cuartos de lo mismo. Si no se propicia, por difícil que es efectivamente, el inicio de un largo recorrido de situaciones unitarias, la defensa de lo público tendrá un evidente déficit de representación política. Quede claro, hablo de empezar, iniciar, situarse en la primera página del libro.


Repito, los movimientos sociales están a la altura. Y lo estarán, todavía más, si son capaces de transformar esta alianza coyuntural en algo permanente. Por ejemplo, en la elaboración de un pacto cívico de defensa y promoción del Estado de bienestar.



jueves, 28 de abril de 2011

LA PREÑEZ DE ESTE PRIMERO DE MAYO

Las luchas que, de un tiempo a esta parte, está llevando a cabo el movimiento de los trabajadores europeos –aunque dispersas y con un fuerte contenido nacional-- son una respuesta todavía implícita contra las consecuencias de las políticas de la “lepra neoliberal”, según dejó dicho en 1999 nuestro amigo Bruno Trentin. La cuestión está en saber si (y cuándo) las movilizaciones tendrán un carácter realmente explícito; el problema es si el conjunto de las fuerzas antineoliberales podrán, primero, interferir en la lepra, y, postriormente, derrotarla definitivamente. La presión activa e inteligente es fundamental, pero no basta. Ese conflicto sociopolítico requiere un proyecto cultural de amplio respiro, una implicación de múltiples sujetos y un potente almacén de saberes y conocimientos al servicio de dicho proyecto. Que sea más potente que el del neoliberalismo que no se anda con chiquitas; véase, por ejemplo, la sintaxis de Warren Buffet, uno de los jerifaltes de de Moody´s: “Estamos en la lucha de clases y la estamos ganando”.


El neoliberalismo venció cuando consiguió materializar dos ideas-fuerza: a) que todos ganan en el proceso de globalización impulsado por los mercados como se sostenía en el siglo XIX con la famosa teoría de los costes comparados de David Ricardo; y b) que la centralidad de los mercados, per se, amplia la esfera de libertad de los individuos, especialmente en tanto que consumidores, también como productores ya que los mercados les premiarían aumentando la movilidad social. Los hechos han refutado, nueva y radicalmente, estas tesis.


Una tesis que fue abriéndose camino en amplios grupos académicos, que fue reconvirtiendo a ciertos iuslaboralistas en iusprivatistas, que despellejó algo más que la epidermis de ciertos partidos de solera socialista y socialdemócrata y que, en otro sentido, sirvió de fuente a organizaciones populistas y neopopulistas. Una “lepra” que tuvo como expresión más visible las voces mediáticas de Reagan y Thatcher, aunque debajo de ellos estaban ideólogos y mesnaderos de diverso pelaje: la cofradía de amigos 
DEL CAPITAL IMPACIENTE. En efecto, se trató de un contagio devastador. Una gente que no se iba por las ramas; que frente a cualquier propuesta alternativa –aunque fuera moderadamente reformadora— contestaban que eso era un imposible metafísico y la transformación de las cosas una quimera de cuatro locos de atar.


Al prevalecer el enfoque neoliberal –con la derrota del capitalismo, digamos para abreviar, calvinista-- cambió toda la visión de la empresa. La teoría dominante de los treinta últimos años volvió a recuperar la empresa como lugar de contratos individuales, siguiendo las pautas de un sujeto fuerte: el capital financiero. Ni qué decir tiene que tanta metamorfosis le vino como anillo al dedo al management –los “funcionarios de la propiedad”, que dijera Karl Marx-- que estableció una potente alianza con la propiedad. Tras ello, el management dejó de ser un subalterno de lujo para transformarse en coaligados de la propiedad.


Visto lo visto, la teología neoliberal ha hecho mil estragos. Pero se da la paradoja de que las soluciones que se proponen por parte de los contagiados, involuntaria o voluntariamente, es tres cuartos de lo mismo. Pero no es verdad lo que dice la canción 
No hay novedad, señora baronesa. Porque hay novedades: son las movilizaciones, incluso con los límites que tienen todavía, en curso. La cuestión está en saber mirar qué preñez tienen y sacar las debidas consecuencias. Este Primero de Mayo debe ser una inflexión.

LA LEPRA NEOLIBERAL


Leemos en Nueva Tribuna que El Congreso debatirá sobre el 'descuelgue' salarial a instancias del Partido de los Apostólicos. El asunto requiere algunas consideraciones de fondo que me parecen previas al fulminante rechazo de la propuesta.


Que la Mesa del Congreso de los diputados acepte abrir ese debate me parece inaudito. Porque se trata de una intromisión, absolutamente injustificada, en el territorio de la autonomía de las partes que negocian. Quiero decir que es algo más que un problema de formas democráticas: se trata de una convención asumida así en nuestro país como en el modelo social europeo. De ponerse en marcha estaríamos ante una invasión legiferante en lo que Norberto Bobbio y otros estudiosos (véase la abundante literatura jurídica de Luigi Ferrajoli en Democracia y garantismo) califican de “coto vedado”. Irrumpen, como puede verse, en ese escenario –incluso vedado a los poderes del Estado— lo que está prohibido como “convención democrática acerca de lo que es indecidible para cualquier mayoría” Es decir, ya no sólo es el quién y el cómo de las decisiones, sino el qué: qué no debe decidirse –es decir, la lesión de los derechos de libertad— y, por el contrario, qué debe decidirse, o sea, la satisfacción de los derechos sociales.


Por otra parte, esta irrupción es otra de las manifestaciones de “la lepra neoliberal”, un término que acuñó Bruno Trentin en su diario personal (1). Lo que evidencia de manera estridente que tales prácticas arrasan con todo lo que huela mínimamente a convenciones democráticas. Será miope y astigmático y présbita quien piense que es un problema formal. Es la raíz de la democracia. O sea, es también algo más que la fachada del Partido Popular, un sujeto político cooptado por la “lepra” para mayor gloria del neoliberalismo.


Así las cosas, no debe pedirse a los grupos parlamentarios que voten en contra, sino que no admitan a trámite dicha propuesta. A menos que algunos piensen que pueden aprovechar la ocasión para interferir en el proceso de la llamada reforma de la negociación colectiva.






(1) Cuando en 1999 el Pds propuso a Bruno Trentin que fuera candidato a las elecciones europeas, nuestro amigo se lo pensó mucho. Al final aceptó, aunque dejó escrito en su diario personal lo siguiente: “Me encuentro muy atormentado y atribulado de la decisión que he tomado después de muchas reservas. Ha prevalecido el sentimiento de dar testimonio. Ignoro qué me reserva este futuro de niebla en una situación política (y humana) cada vez más viscosa y desmoralizante tan extraña a los miserables juegos de poder y persecución de las lepras modernistas y neoliberales”.

Debe saberse que a Bruno Trentin le robaron en París, en unas jornadas, la enorme bolsa que siempre llevaba a la bandolera con varios cuadernos de su diario personal que nunca le fueron devueltos. Desde aquí le pedimos al sinvergonzón que los devuelva a los herederos de nuestro amigo